martes, 3 de febrero de 2015

Generación del 98 Parte 2

 2-     DEFINICIÓN DE GENERACIÓN DEL 98
            
             2.1- ¿Qué se entiende por Generación del 98? ¿Quiénes eran sus miembros?
-Es el nombre que se le puso a un grupo de escritores, ensayistas y poetas españoles que a principios de siglo innovaron la temática y la forma de entender la literatura en relación con la generación realista-naturalista anterior. Criticaban la situación de crisis económica, material, etc.
-Sus miembros eran:
                     - Miguel de Unamuno
                     - Pío Baroja
                     - Ramón María del Valle-Inclán
                     - Antonio Machado
                     - José Martínez Ruiz, Azorín
            2.2- Los dos grandes temas de la Generación del 98 son España y las cuestiones existenciales:
                   2.2.1- España:
                        
                   -  En los escritores de la Generación del 98 hay una evolución ideológica a la hora de afrontar los problemas de España. Explica en qué consiste: ¿qué diferencias hay entre las soluciones que dan cuando son jóvenes y cuando ya están en plena madurez?
                   -Cuando analices las soluciones de su madurez, explica por qué dan tanta importancias al paisaje y a la historia de Castilla. 
-Cuando eran jóvenes Baroja, Azorín y Maeztu denunciaron las injusticias sociales  y propugnaron la apertura hacia Europa. Su cambio cuando ya estaban en plena madurez fue la busca de una respuesta abstracta y filosófica a los problemas concretos del país. Proponen soluciones concretas, y protestan. Su madurez fue evolucionando y se dieron cuenta de que las soluciones concretas ya no funcionaban por lo que decidieron buscar las respuestas abstractas y filosóficas.
- Dan tanta importancia a Castilla ya que fue la forjadora de la unión española y la que da todo el espíritu a España y al paisaje ya que se considera el creador del carácter y la cultura hispánica.

              - ¿Cómo era para ellos el verdadero espíritu español al que habíamos renunciado?    
El verdadero espíritu español al que habíamos renunciado era de valores humanos y puros, que con el desastre de 1898, y los problemas que hubo en esa época, se fueron perdiendo poco a poco. Hubo una gran crisis espiritual que hizo que no hubiera una idea que guiara a todos los españoles.
El verdadero espíritu es la historia que van haciendo los españoles día a día.
        



                   2.2.2- Problemas existenciales:

                   - ¿Qué temas existenciales les preocupaban esencialmente? 
Los problemas nacionales, la reflexión sobre la realidad nacional, sobre la condición humana y sobre todo los valores espirituales, la mentalidad y la psicología colectiva. Les preocupaban Dios, el sentido de la vida y la muerte.




                             - En líneas generales, ¿qué visión tenían acerca de la vida? 
Acerca de la vida tenían una actitud indiferente, es decir, que siempre reflexionaban sobre la existencia humana. El modo de tratar estos temas, nos dejaba una sensación de pesimismo y melancolía.
Son muy pesimistas y negativos, de ahí dichos temas.
                                                                 3- PÍO BAROJA  
    
                                                 3.1- Haz una rápida biografía
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Pío Baroja nació en el año 1872 en San Sebastian, pero vivió casi toda su vida en Madrid donde estudió medicina y se doctoró con una tesis sobre el dolor. Los primeros libros que publicó fue en el año 1900. Escribió más de 60 novelas, 34 de ellas agrupadas en trilogías.
En 1935 inglesa en la Real Academia, se va a Francia durante la Guerra Civil pero vuelve a Madrid, donde muere en 1955.
            



            
               3.2- - Ideología:
Para él, el mundo carece de sentido, la vida es absurda, no alberga ninguna confianza en el hombre, su ideología política estaba marcada por el escepticismo (cualquier actitud inquisitiva hacia el conocimientos, hechos o creencias). Sus ideas sobre el mundo y el hombre se inscriben en la línea del pesimismo existencial.
           

                        3.2.1- Ideas sobre la vida:
                       -  ¿Qué relación hay entre su idea de la vida y la teoría de la evolución de Darwin?
Pío Baroja escribió "La lucha por la vida" título muy parecido a "La lucha por la existencia" de Charles Darwin. En ambas dos, tanto Baroja como Darwin están diciéndonos, que la lucha es lo que nos da la vida, que el más fuerte siempre va a ganar.
                       -  A continuación tienes dos fragmentos de su novela más importante: El árbol de la ciencia . A través del personaje de Iturrioz, Pío Baroja expone su punto de vista. Léelos y contesta las siguientes preguntas:

                                                                    TEXTO 1

                       1- ¿Quién sobrevive en la vida? ¿A costa de qué?
-En la vida sobrevive el más fuerte.
-A costa de vencer al más débil, en un enfrentamiento o lucha. De ser egoísta, solo pensar en ti mismo.
                       2- ¿Qué actitud adopta Iturrioz ante esas injusticias? ¿Por qué? Busca en el diccionario la palabra "ataraxia" y relaciónala con esta actitud
-Adopta una actitud indiferente.
-Porque piensa que el ser humano es el que tiene la capacidad de pensar, e interpreta lo que le conviene, lo justo o lo injusto a su manera.
-Ataraxia: tranquilidad de ánimo o imperturbabilidad del espíritu por la ausencia de penas y temores.
-La palabra ataraxia al significar tranquilidad de ánimo o imperturbabilidad, se relaciona con el texto en el echo de que Iturrioz muestra en el texto esa indiferencia ante la vida.


                                Andrés habló de la gente de la vecindad de Lulú, de las escenas del hospital; como casos extraños, dignos de un comentario; de Manolo el Chafandín, del tío Miserias, de don Cleto, de Doña Virginia...
—¿Qué consecuencia puede sacarse de todas estas vidas? —preguntó Andrés al final.
—Para mí la consecuencia es fácil —contestó Iturrioz con el bote de agua en la mano—. Que la vida es una lucha constante, una cacería cruel en que nos vamos devorando los unos a los otros.
Plantas, microbios, animales.
—Sí, yo también he pensado en eso —repuso Andrés—; pero voy abandonando la idea. Primeramente el concepto de la lucha por la vida llevada así a los animales, a las plantas y hasta los minerales, como se hace muchas veces, no es más que un concepto antropomórfico, después, ¿qué lucha por la vida es la de ese hombre don Cleto, que se abstiene de combatir, o la de ese hermano Juan, que da su dinero a los enfermos?
—Te contestaré por partes —repuso Iturrioz dejando el bote para regar, porque estas discusiones le apasionaban—. Tú me dices, este concepto de lucha es un concepto antropomórfico. Claro, llamamos a todos los conflictos lucha, porque es la idea humana que más se aproxima a esa relación que para nosotros produce un vencedor y un vencido. Si no tuviéramos este concepto en el fondo, no hablaríamos de lucha. La hiena que monda los huesos de un cadáver, la araña que sorbe una mosca, no hace más ni menos que el árbol bondadoso llevándose de la tierra el agua y las sales necesarias para su vida.

                               El espectador indiferente, como yo, ve a la hiena, a la araña y al árbol, y se los explica. El hombre justiciero le pega un tiro a la hiena, aplasta con la bota a la araña se sienta a la sombra del árbol, y cree que hace bien.

 —Entonces ¿para usted no hay lucha, ni hay justicia?
—En un sentido absoluto, no; en un sentido relativo, sí. Todo lo que vive tiene un proceso para apoderarse primero del espacio, ocupar un lugar, luego para crecer y multiplicarse; este proceso de la energía de un vivo contra los obstáculos del medio, es lo que llamamos lucha. Respecto de la justicia, yo creo que lo justo en el fondo es lo que nos conviene. Supón en el ejemplo de antes que la hiena en vez de ser muerta por el hombre mata al hombre, que el árbol cae sobre él y le aplasta, que la araña le hace una picadura venenosa; pues nada de eso nos parece justo, porque no nos conviene. A pesar
de que en el fondo no haya más que esto, un interés utilitario ¿quién duda que la idea de justicia y de equidad es una tendencia que existe en nosotros? ¿Pero cómo la vamos a realizar?
—Eso es lo que yo me pregunto ¿cómo realizarla?

                               —¿Hay que indignarse porque una araña mate a una mosca? —siguió diciendo Iturrioz—. Bueno. Indignémonos. ¿Qué vamos a hacer? ¿Matarla? Matémosla. Eso no impedirá que sigan las arañas comiéndose a las moscas. ¿Vamos a quitarle al hombre esos instintos fieros que te repugnan? ¿Vamos a borrar esa tendencia del poeta latino:
                               “Homo, homini lupus”, el hombre es un lobo para el hombre? Está bien. En cuatro cinco mil años lo podremos conseguir. El hombre ha hecho de un carnívoro como el chacal un omnívoro como el perro; pero se necesitan muchos siglos para eso. 




                                                                           TEXTO 2

                  1- ¿Por qué Iturrioz (Baroja) cree que la ciencia, es decir, el conocimiento, hace al hombre más infeliz?
Porque al tener más conocimiento, siempre desea algo más, por lo tanto ese deseo de no tener todo lo que quiere le hace más infeliz. En cambio, como los animales no tienen conocimiento, no piensan en lo que quieren y lo que no, son mas felices.




- Ya la ciencia para vosotros —dijo Iturrioz— no es una institución con un fin humano, ya es algo más; la habéis convertido en ídolo
—Hay la esperanza de que la verdad, aun la que hoy es inútil, pueda ser útil mañana
—replicó Andrés.
—¡Bah! ¡Utopía! ¿Tú crees que vamos a aprovechar las verdades astronómicas alguna vez?
—¿Alguna vez? Las hemos aprovechado ya.
—¿En qué?
—En el concepto del mundo.
—Está bien; pero yo hablaba de un aprovechamiento práctico, inmediato. Yo en el fondo estoy convencido de que la verdad en bloque es mala para la vida. Esa anomalía  de la naturaleza que se llama la vida necesita estar basada en el capricho, quizá en la mentira.
—En eso estoy conforme —dijo Andrés—. La voluntad, el deseo de vivir, es tan fuerte en el animal como en el hombre. En el hombre es mayor la comprensión. A más comprender, corresponde menos desear. Esto es lógico, y además se comprueba en la realidad. La apetencia por conocer se despierta en los individuos que aparecen al final de una evolución, cuando el instinto de vivir languidece. El hombre, cuya necesidad es conocer, es como la mariposa que rompe la crisálida para morir. El individuo sano, vivo, fuerte, no ve las cosas como son, porque no le conviene. Está dentro de una
alucinación. Don Quijote, a quien Cervantes quiso dar un sentido negativo, es un símbolo de la afirmación de la vida. Don Quijote vive más que todas las personas cuerdas que le rodean, vive más y con más intensidad que los otros. El individuo o el pueblo que quiere vivir se envuelve en nubes como los antiguos dioses cuando se aparecían a los mortales. El instinto vital necesita de la ficción para afirmarse. La ciencia entonces, el instinto de crítica, el instinto de averiguación, debe encontrar una verdad: la cantidad de mentira que es necesaria para la vida. ¿Se ríe usted?
—Sí, me río, porque eso que tú expones con palabras del día, está dicho nada menos que en la Biblia.
—¡Bah!
—Sí, en el Génesis. Tú habrás leído que en el centro del paraíso había dos árboles, el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal. El árbol de la vida era inmenso, frondoso, y, según algunos santos padres, daba la inmortalidad. El árbol de la ciencia no se dice cómo era; probablemente sería mezquino y triste. ¿Y tú sabes lo que le dijo Dios a Adán?
—No recuerdo; la verdad.
—Pues al tenerle a Adán delante, le dijo: Puedes comer todos los frutos del jardín pero cuidado con el fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, porque el día que tú comas su fruto morirás de muerte. Y Dios, seguramente, añadió: Comed del árbol de la vida, sed bestias, sed cerdos, sed egoístas, revolcaos por el suelo alegremente; pero no comáis del árbol de la ciencia, porque ese fruto agrio os dará una tendencia a mejorar que os destruirá. ¿No es un consejo admirable?
       
                 3.2.2- Ideas sobre España:



                -  ¿Cuáles creía que eran los males de España?
Pío Baroja creía que los males de España eran la apatía, la envidia, el caciquismo, la corrupción política, la incultura, el atraso científico etc.
                -  ¿Confiaba en que la política solucionara los problemas de España?¿Por qué?     
No, no confiaba en que la política pudiera resolver los problemas de España.
Porque la ciencia no le proporcionaba las respuestas que buscan ante los interrogantes de la vida y el mundo, les hace sentir el dolor de vivir. 
                -  Lee estos dos fragmentos de El árbol de la ciencia y contesta a las siguientes preguntas:

                                                                       
  TEXTO 1  
     

                        1-¿Qué sistema político se ve reflejado en Alcolea?
Se ve reflejado el caciquismo y el turnismo con dos grupos contrarios unos llamados "Los Mochuelos" que eran los que pertenecían al partido conservador y "Los Ratones" que pertenecían al partido liberal.
                       2-¿Los políticos son los únicos culpables de la situación del país (representado por Alcolea)? ¿Qué critica Baroja de los españoles representados por los habitantes de Alcolea?
-No, el pueblo también era culpable de la situación , ya que se dejaba manipular, gobernar, sabiendo que se estaba produciendo una corrupción política y ellos adoptaban una actitud indiferente.
Critica el egoísmo, la envidia, la crueldad y el orgullo.
                        3- ¿Por qué Baroja considera que no hay solución posible para los problemas de España?
Porque mientras existiera el egoísmo, la envidia, la crueldad y el orgullo, que como antes he dicho, era lo que criticaba de los españoles, nada podía cambiar.
                       4- En este fragmento Baroja hace alusión a la ataraxia como única posibilidad intelectual ante las injusticias. Di dónde aparece
Ahora seremos pobres. Es igual; viviremos peor, suprimiremos nuestras necesidades.
¿Por qué incomodarse si todo está determinado, si es fatal, si no puede ser de otra manera?
       Las costumbres de  Alcolea eran españolas puras, es decir, de un absurdo completo. El pueblo no tenía el menor sentido social; las familias se metían en sus casas, como los trogloditas en su cueva. No había solidaridad; nadie sabía ni podía utilizar la fuerza de la asociación. Los hombres iban al trabajo y a veces al casino. Las mujeres no salían más que los domingos a misa. Por falta de instinto colectivo el pueblo se había arruinado.  El pueblo aceptó la ruina con resignación.

         —Antes éramos ricos —se dijo cada alcoleano—. Ahora seremos pobres. Es igual; viviremos peor, suprimiremos nuestras necesidades. Aquel estoicismo acabó de hundir al pueblo.

        Muchas veces a Hurtado le parecía Alcolea una ciudad en estado de sitio. El sitiador era la moral, la moral católica. Allí no había nada que no estuviera almacenado y recogido: las mujeres en sus casas, el dinero en las carpetas, el vino en las tinajas. Andrés se preguntaba: ¿Qué hacen estas mujeres? ¿En qué piensan? ¿Cómo pasan las horas de sus días? Difícil era averiguarlo. Con aquel régimen de guardarlo todo, Alcolea gozaba de un orden admirable; sólo un cementerio bien cuidado podía sobrepasar tal perfección.
Esta perfección se conseguía haciendo que el más inepto fuera el que gobernara. La ley de selección en pueblos como aquél se cumplía al revés. El cedazo iba separando el grano de la paja, luego se recogía la paja y se desperdiciaba el grano.
Algún burlón hubiera dicho que este aprovechamiento de la paja entre españoles no era raro. Por aquella selección a la inversa, resultaba que los más aptos allí eran precisamente los más ineptos. En Alcolea había pocos robos y delitos de sangre: en cierta época los había habido entre jugadores y matones; la gente pobre no se movía, vivía en una pasividad lánguida; en cambio los ricos se agitaban, y la usura iba sorbiendo toda la vida de la ciudad. El labrador, de humilde pasar, que durante mucho tiempo tenía una casa con cuatro o cinco parejas de mulas, de pronto aparecía con diez, luego con veinte; sus tierras se extendían cada vez más, y él se colocaba entre los ricos.
La política de Alcolea respondía perfectamente al estado de inercia y desconfianza del pueblo.
Era una política de caciquismo, una lucha entre dos bandos contrarios, que se llamaban el de los Ratones y el de los Mochuelos; los Ratones eran liberales, y los Mochuelos conservadores.
En aquel momento dominaban los Mochuelos. El Mochuelo principal era el alcalde, un hombre delgado, vestido de negro, muy clerical, cacique de formas suaves, que suavemente iba llevándose todo lo que podía del municipio.
El cacique liberal del partido de los Ratones era don Juan, un tipo bárbaro y despótico, corpulento y forzudo, con unas manos de gigante; hombre, que cuando entraba a mandar, trataba al pueblo en conquistador. Este gran Ratón no disimulaba como el Mochuelo; se quedaba con todo lo que podía, sin tomarse el trabajo de ocultar decorosamente sus robos. Alcolea se había acostumbrado a los Mochuelos y a los Ratones, y los consideraba necesarios. Aquellos bandidos eran los sostenes de la sociedad; se repartían el botín; tenían unos para otros un “tabú” especial, como el de los polinesios. Andrés podía estudiar en Alcolea todas aquellas manifestaciones del árbol de la vida, y de la vida áspera manchega: la expansión del egoísmo, de la envidia, de la crueldad, del orgullo. A veces pensaba que todo esto era necesario; pensaba también que se podía llegar en la indiferencia intelectualista, hasta disfrutar contemplando estas expansiones, formas violentas de la vida. ¿Por qué incomodarse, si todo está determinado, si es fatal, si no puede ser de otra manera?, se preguntaba. ¿No era científicamente un poco absurdo el furor que le entraba muchas veces al ver las injusticias del pueblo? Por otro lado: ¿no estaba también determinado, no era fatal el que su cerebro tuviera una irritación que le hiciera protestar contra aquel estado de cosas violentamente?       
                                                                     TEXTO 2
              Andrés Hurtado estudia medicina en Madrid (como hizo el propio Baroja), lo cual le sirve a Pío Baroja para reflexionar sobre la situación cultural y educativa del país:

                    1- ¿Qué opinaba sobre la educación universitaria en España? ¿Cómo eran los profesores? ¿Y los alumnos? Relaciónalo con lo que antes pusiste sobre los Regeneracionistas y la Institución Libre de Enseñanza.
-Opinaba que la educación era absurda, sin disciplina y grotesca.
-Los profesores eran muy viejos.
-Los alumnos eran unos pasotas, se burlaban de los profesores, no les importaban las clases.
-Todas estas cosas, como he dicho anteriormente, son las cosas que se intentan cambiar creando la Institución Libre de Enseñanza

                    2- ¿La gente realmente venía a Madrid a prepararse académicamente?
-No, venían a divertirse, jugar, ligar e imitar a Don Juan Tenorio.
                    3- ¿La gente culta y con inquietudes podía saber lo que pasaba realmente en España? ¿Por qué?
No, no podían saber lo que realmente pasaba en España ya que lo intentaban esconder. En los periódicos salia todo muy incompleto por ese motivo, para que la gente no supiera lo que realmente estaba pasando.
                    4- ¿Por qué España vivía aislada culturalmente?
Porque los demás países envidiaban todo de España, además de que había una tendencia a inventar cosas sobre este país, por lo que se estancaba, se aislaba.
Porque la mayoría de las ciudades españolas se habían  desarrollado positivamente, en cambio, Madrid seguía como siempre., la acción cultural europea en España era muy restringida.



       En un ambiente de fricciones,  residuo de un pragmatismo viejo y sin renovación vivía el Madrid de hace años .Otras ciudades españolas se habían dado alguna cuenta de la necesidad de transformarse y de cambiar; Madrid seguía inmóvil, sin curiosidad, sin deseo de cambio.
     El estudiante madrileño, sobre todo el venido de provincias, llegaba a la corte con un espíritu donjuanesco, con la idea de divertirse, jugar, perseguir a las mujeres pensando, como decía el profesor de Química con su solemnidad habitual, quemarse pronto en un ambiente demasiado oxigenado.

      Menos el sentido religioso, la mayoría no lo tenían, ni les preocupaba gran cosa la religión; los estudiantes de las postrimerías del siglo XIX venían a la corte con el espíritu de un estudiante del siglo XVII, con la ilusión de imitar, dentro de lo posible, a Don Juan Tenorio y de vivir.

       El estudiante culto, aunque quisiera ver las cosas dentro de la realidad e intentara adquirir una idea clara de su país y del papel que representaba en el mundo, no podía. 

       La acción de la cultura europea en España era realmente restringida, y localizada a cuestiones técnicas, los periódicos daban una idea incompleta de todo; la tendencia general era hacer creer que lo grande de España podía ser pequeño fuera de ella y al contrario, por una especie de mala fe internacional.

Si en Francia o en Alemania no hablaban de las cosas de España, o hablaban de ellas en broma, era porque nos odiaban; teníamos aquí grandes hombres que producían la envidia de otros países: Castelar, Cánovas, Echegaray... España entera, y Madrid sobre todo, vivía en un ambiente de optimismo absurdo. Todo lo español era lo mejor.
Esa tendencia natural a la mentira, a la ilusión del país pobre que se aísla, contribuía al estancamiento, a la fosilificación de las ideas.

Aquel ambiente de inmovilidad, de falsedad, se reflejaba en las cátedras. Andrés Hurtado pudo comprobarlo al comenzar a estudiar Medicina. Los profesores del año preparatorio eran viejísimos; había algunos que llevaban cerca de cincuenta años explicando. Sin duda no los jubilaban por sus influencias y por esa simpatía y respeto que ha habido siempre en España por lo inútil. Sobre todo, aquella clase de Química de la antigua capilla del Instituto de San Isidro era escandalosa. El viejo profesor recordaba las conferencias del Instituto de Francia, de célebres químicos, y creía, sin duda, que explicando la obtención del nitrógeno y del cloro estaba haciendo un descubrimiento, y le gustaba que le aplaudieran. Satisfacía su pueril vanidad dejando los experimentos aparatosos para la conclusión de la clase con el fin de retirarse entre aplausos como un prestidigitador.Los estudiantes le aplaudían, riendo a carcajadas. A veces, en medio de la clase, a alguno de los alumnos se le ocurría marcharse, se levantaba y se iba. Al bajar por la escalera de la gradería los pasos del fugitivo producían gran estrépito, y los demás muchachos sentados llevaban el compás golpeando con los pies y con los basto. En la clase se hablaba, se fumaba, se leían novelas, nadie seguía la explicación;
alguno llegó a presentarse con una corneta, y cuando el profesor se disponía a echar en un vaso de agua un trozo de potasio, dio dos toques de atención; otro metió un perro vagabundo, y fue un problema echarlo. Había estudiantes descarados que llegaban a las mayores insolencias; gritaban,
rebuznaban, interrumpían al profesor. Una de las gracias de estos estudiantes era la de
dar un nombre falso cuando se lo preguntaban.
—Usted —decía el profesor señalándole con el dedo, mientras le temblaba la perilla
por la cólera—, ¿cómo se llama usted?
—¿Quién? ¿Yo?
—Sí, señor ¡usted, usted! ¿Cómo se llama usted? —añadía el profesor, mirando la lista.
—Salvador Sánchez.
—Alias Frascuelo —decía alguno, entendido con él.
—Me llamo Salvador Sánchez; no sé a quién le importará que me llame así, y si hay alguno que le importe, que lo diga —replicaba el estudiante, mirando al sitio de donde había salido la voz y haciéndose el incomodado.
—¡Vaya usted a paseo! —replicaba el otro.
—¡Eh! ¡Eh! ¡Fuera! ¡Al corral! —gritaban varias voces.
—Bueno, bueno. Está bien. Váyase usted —decía el profesor, temiendo las consecuencias de estos altercados.

El muchacho se marchaba, y a los pocos días volvía a repetir la gracia, dando como suyo el nombre de algún político célebre o de algún torero.

Andrés Hurtado los primeros días de clase no salía de su asombro. Todo aquello era demasiado absurdo. Él hubiese querido encontrar una disciplina fuerte y al mismo tiempo afectuosa, y se encontraba con una clase grotesca en que los alumnos se burlaban del profesor. Su preparación para la Ciencia no podía ser más desdichada.
              3.3- Su concepto de novela:
                    
                      3.3.1-  ¿Por qué se dice que las novelas de Baroja eran desordenadas? 
Porque según él la vida es "la sucesión fortuita de hechos desligados" es decir, que no va todo de una forma ordenada, sino cada cosa por su lado. No estructuraba bien la novela, escribía cualquier cosa que se le viniera a la mente, representaba la vida tal y como era.
                     3.3.2- ¿Tenían muchos o pocos personajes?¿Por qué tipos de personaje muestra más simpatía?
             En sus novelas podemos encontrar muchos y variados personajes, de todas las clases sociales que existen.
Se decanta por los personajes humildes, marginales y enfrentados a la sociedad.
               3.4- Estilo:
                    
                      3.4.1- ¿En qué dos aspectos narrativos se dice que Baroja era un maestro?
Se dice que Baroja era un maestro en la descripción y la conversación.  A través de la conversación, transmite su visión del mundo a través del personaje y con la descripción destaca cosas que a él le parecen importantes.
                      3.4.2- ¿Cómo era su lenguaje? (Algunos incluso lo critican)
             Su lenguaje era antirretórico, no era el típico de las frases bonitas, él lo que buscaba era conseguir un buen ritmo narrativo mediante la velocidad de las oraciones. No utilizaba recursos literarios, escribía según hablaba.
              3.5- Principales novelas: Títulos de sus principales novelas y argumento resumido de El árbol de la ciencia
-Tierra VascaLa casa de Aizgorri,  El mayorazgo de Labraz y Zalacaín el aventurero
-La vida fantásticaAventuras, Inventos y mixtificaciones de Silvestre Paradox, Camino de perfección y Paradox, rey
-La lucha por la vidaLa buscaMala hierba y Aurora roja
-La razaEl árbol de la cienciaLa dama errante y La ciudad de la niebla.
-Las ciudades: César o nadaEl mundo es ansí y La sensualidad pervertida.
-El marLas inquietudes de Shanti AndíaEl laberinto de las sirenasLos pilotos de altura 
La estrella del capitán Chimista
-Memorias de un hombre de acción
-Desde la última vuelta del camino
El árbol de la ciencia es una novela que narra la vida de Andrés Hurtado, el cual va a estudiar medicina muy ilusionado pero por culpa de la educación que le dan se desilusiona. Aún así, sigue on su carrera y cuado la acaba se va a Alcolea, un pueblo de Castilla la Mancha donde se va a trabajr, pero es testigo del caciquismo, del egoísmo y la ignorancia (temas a los que critica Baroja). Andrés va a Madrid y enceuntra trabajo de sanitario de higiene pero tratando a prostitutas y gente pobre, lo que contribuye a su pesimismo y crítica de la sociedad. Se casa con una amiga suya con la que se sentía siempre muy bien, hasta que lla se queda embarazada. Andrés empieza otra vz con ansiedad ya que no quería tener hijos. El bebé nace muerto y al poco tiempo su amiga tambien fallece. El día de su entierro Andrés se suicida con una sobredosis de pastillas.
                                                       4- MIGUEL DE UNAMUNO


          4.1- Haz una rápida biografía. Presta especial atención a las distintas crisis espirituales que sufrió (cuántas y cuándo) y las consecuencias que tuvieron en su pensamiento.
Nació en Bilbao en 1864 y murió en Salamanca en 1936. Estudió filosofía y letras. En 1891 ganó la cátedra de griego en la Universidad de Salamanca, de la que fue rector en 1901. Fue destituido de ese cargo en 1824 por Primo de Rivera, pero en el año 1931 volvió a ocuparlo.
Tuvo dos crisis juveniles en los años 1881 y 1890 por las que perdió la fe. En el año 1897 tuvo otra crisis por la que abandona su militancia política (estaba afiliado al PSOE) y vuelve a escribir sobre los problemas existenciales y espirituales.






             Poco antes de su muerte cuando se enfrentó a Millán Astray al inicio de la guerra civil

          4.2- Ideología:
                 
                  4.2.1-¿Creía en Dios?
Sí, creía en Dios, es más, era profundamente religioso pero debido a las crisis juveniles, nombradas anteriormente fue perdiendo la fe.


                  
                 4.2.2- ¿Por qué se dice que Unamuno fue un intelectual contradictorio: explica cuál era su conflicto interior a la hora de querer creer en Dios (lo llamaba el sentimiento trágico de la vida)?
porque tenía dos pensamientos, el que le proporcionaba la mente, y el que le proporcionaba el corazón. A la hora de lo religioso, Unamuno quería creer en Dios, pero la ciencia y la lógica se lo impedían. Su corazón le decía una cosa y la cabeza otra. 
        
            4.3- Concepto de novela:

                    4.3.1 ¿Qué son las nivolas?
Son un concepto que creó Unamuno para referirse a sus novelas de ficción narrativa. Con ella pretendía mostrar la distancia entre las novelas y esta nueva forma narrativa. Son obras diferentes a las de normalmente. En ellas hay muy pocas descripciones y están menos elaboradas ya que surgen espontáneamente. 
                    4.3.2- Explica las diferencias entre las novelas realistas tan de moda en el siglo anterior y las nivolas de Unamuno
Las nivolas se caracterizan por un transcurso rápido de la historia y las realistas son lentas.
En las nivolas predominan el diálogo y los monólogos.
En las nivolas, como he dicho anteriormente hay muy pocas descripciones, son espontáneas... y las realistas necesitan un largo tiempo de preparación. En ellas se describe mucho la psicología del personaje.
         
            4.4- Principales novelas:
                 
                     4.4.1- Niebla:




                    - Explica brevemente el argumento
Augusto, el protagonista decide cuestionar el sexo femenino, investigar si se puede confiar en las mujeres o no. Un día decide pedirle matrimonio a Eugenia, una mujer casada, con la que ya había intentado tener relaciones antes. Al estar esta peleada con su marido acepta casarse con Augusto, pero días antes de la boda, le envía una carta diciéndole que no. Este decide suicidarse, pero antes va a Salamanca a hablar con Miguel de Unamuno. Unamuno le dice que no puede suicidarse, que en realidad no existe, es solo un personaje de su novela que cuando el creyese oportuno le mataría. Al volver a casa muere, no se sabe si se suicidó o Unamuno le mató.
                    -  Lee el siguiente fragmento y contesta estas preguntas:
                   1- ¿Qué decisión había tomado Augusto al ir a visitar a Unamuno?¿Qué le responde Unamuno? ¿Por qué cambia Augusto de opinión? ¿Cuál es el destino que nos espera a todos según Augusto?
-La decisión que había tomado era suicidarse.
-Que no, que para suicidarse hace falta existir, y el no existe, es solo un personaje.
-Porque se para a pensar lo que le dice Unamuno y piensa que probablemente él mismo es más real que el propio Unamuno.
-El final que nos espera a todos según Augusto es la muerte.
                    2- Explica qué relación establece Unamuno entre la vida y una novela: ¿quién es el novelista de nuestras vidas, quiénes son los equivalentes a los personajes en la vida, somos libres los seres humanos, por qué, cuándo moriremos?
El novelista de nuestras vidas es Dios
Los personajes somos nosotros
No, no somos libres ya que estamos a expensas de Dios
Dios decide cuando moriremos.
                            -
       El pobre hombre temblaba como un azogado, mirándome como un poseído miraría.Intentó levantarse, acaso para huir de mí; no podía. No disponía de sus fuerzas.
––¡No, no te muevas! ––le ordené.
––Es que... es que... ––balbuceó.
––Es que tú no puedes suicidarte, aunque lo quieras.
––¿Cómo? ––exclamó al verse de tal modo negado y contradicho.
––Sí. Para que uno se pueda matar a sí mismo, ¿qué es menester? ––le pregunté.
––Que tenga valor para hacerlo ––me contestó.
––No ––le dije––, ¡que esté vivo!
––¡Desde luego!
––¡Y tú no estás vivo!
––¿Cómo que no estoy vivo?, ¿es que me he muerto? ––y empezó, sin darse clara cuenta de lo que hacía, a palparse a sí mismo.
––¡No, hombre, no! ––le repliqué––. Te dije antes que no estabas ni despierto ni dormido, y ahora te digo que no estás ni muerto ni vivo.
––¡Acabe usted de explicarse de una vez, por Dios!, ¡acabe de explicarse! ––me
suplicó consternado––, porque son tales las cosas que estoy viendo y oyendo esta
tarde, que temo volverme loco.
––Pues bien; la verdad es, querido Augusto ––le dije con la más dulce de mis voces––, que no puedes matarte porque no estás vivo, y que no estás vivo, ni tampoco muerto, porque no existes...
––¿Cómo que no existo? ––––exclamó.
––No, no existes más que como ente de ficción; no eres, pobre Augusto, más que un producto de mi fantasía y de las de aquellos de mis lectores que lean el relato que de tus fingidas venturas y malandanzas he escrito yo; tú no eres más que un personaje de novela, o de nivola, o como quieras llamarle. Ya sabes, pues, tu secreto.
Al oír esto quedóse el pobre hombre mirándome un rato con una de esas miradas perforadoras que parecen atravesar la mira a ir más allá, miró luego un momento a mi retrato al óleo que preside a mis libros, le volvió el color y el aliento, fue recobrándose, se hizo dueño de sí, apoyó los codos en mi camilla, a que estaba
arrimado frente a mí y, la cara en las palmas de las manos y mirándome con una sonrisa en los ojos, me dijo lentamente:
––Mire usted bien, don Miguel... no sea que esté usted equivocado y que ocurra precisamente todo lo contrario de lo que usted se cree y me dice.
––Y ¿qué es lo contrario? ––le pregunté alarmado de verle recobrar vida propia.
––No sea, mi querido don Miguel ––añadió––, que sea usted y no yo el ente de ficción, el que no existe en realidad, ni vivo, ni muerto... No sea que usted no pase de ser un pretexto para que mi historia llegue al mundo...
––¡Eso más faltaba! ––exclamé algo molesto.
––No se exalte usted así, señor de Unamuno ––me replicó––, tenga calma. Usted ha manifestado dudas sobre mi existencia...
––Dudas no ––le interrumpí––; certeza absoluta de que tú no existes fuera de mi producción novelesca.
––Bueno, pues no se incomode tanto si yo a mi vez dudo de la existencia de usted y no de la mía propia. Vamos a cuentas: ¿no ha sido usted el que no una sino varias veces ha dicho que don Quijote y Sancho son no ya tan reales, sino más reales que Cervantes?
––No puedo negarlo, pero mi sentido al decir eso era...
––Bueno, dejémonos de esos sentires y vamos a otra cosa. Cuando un hombre dormido a inerte en la cama sueña algo, ¿qué es lo que más existe, él como conciencia que sueña, o su sueño?
––¿Y si sueña que existe él mismo, el soñador? ––le repliqué a mi vez.
––En ese caso, amigo don Miguel, le pregunto yo a mi vez, ¿de qué manera existe él, como soñador que se sueña, o como soñado por sí mismo? Y fíjese, además, en que al admitir esta discusión conmigo me reconoce ya existencia independiente de sí.
––¡No, eso no!, ¡eso no! ––le dije vivamente––. Yo necesito discutir, sin discusión no vivo y sin contradicción, y cuando no hay fuera de mí quien me discuta y contradiga invento dentro de mí quien lo haga. Mis monólogos son diálogos.
––Y acaso los diálogos que usted forje no sean más que monólogos...
––Puede ser. Pero te digo y repito que tú no existes fuera de mí...
––Y yo vuelvo a insinuarle a usted la idea de que es usted el que no existe fuera de mí y de los demás personajes a quienes usted cree haber inventado. Seguro estoy de que serían de mi opinión don Avito Carrascal y el gran don Fulgencio...
––No mientes a ese...
––Bueno, basta, no le moteje usted. Y vamos a ver, ¿qué opina usted de misuicidio?
––Pues opino que como tú no existes más que en mi fantasía, te lo repito, y como no debes ni puedes hacer sino lo que a mí me dé la gana, y como no me da la real gana de que te suicides, no te suicidarás. ¡Lo dicho!
––Eso de no me da la real gana, señor de Unamuno, es muy español, pero es muy feo. Y además, aun suponiendo su peregrina teoría de que yo no existo de veras y usted sí, de que yo no soy más que un ente de ficción, producto de la fantasía novelesca o nivolesca de usted, aun en ese caso yo no debo estar sometido a lo que llama usted su real gana, a su capricho. Hasta los llamados entes de ficción tienen su
lógica interna...
––Sí, conozco esa cantata.
––En efecto; un novelista, un dramaturgo, no pueden hacer en absoluto lo que se les antoje de un personaje que creen; un ente de ficción novelesca no puede hacer, en buena ley de arte, lo que ningún lector esperaría que hiciese...
––Un ser novelesco tal vez...
––¿Entonces?
––Pero un ser nivolesco...
––Dejemos esas bufonadas que me ofenden y me hieren en lo más vivo. Yo, sea por mí mismo, según creo, sea porque usted me lo ha dado, según supone usted, tengo mi carácter, mi modo de ser, mi lógica interior, y esta lógica me pide que me suicide...
––¡Eso te creerás tú, pero te equivocas!
––A ver, ¿por qué me equivoco?, ¿en qué me equivoco? Muéstreme usted en qué está mi equivocación. Como la ciencia más difícil que hay es la de conocerse uno a sí mismo, fácil es que esté yo equivocado y que no sea el suicidio la solución más lógica de mis desventuras, pero demuéstremelo usted. Porque si es difícil, amigo don Miguel, ese conocimiento propio de sí mismo, hay otro conocimiento que me parece no menos difícil que el...
––¿Cuál es? ––le pregunté.
Me miró con una enigmática y socarrona sonrisa y lentamente me dijo:
––Pues más difícil aún que el que uno se conozca a sí mismo es el que un novelista o un autor dramático conozca bien a los personajes que finge o cree fingir...
Empezaba yo a estar inquieto con estas salidas de Augusto, y a perder mipaciencia.
––E insisto ––añadió–– en que aun concedido que usted me haya dado el ser y un ser ficticio, no puede usted, así como así y porque sí, porque le dé la real gana, como dice, impedirme que me suicide.
––¡Bueno, basta!, ¡basta! ––exclamé dando un puñetazo en la camilla–– ¡cállate!, ¡no quiero oír más impertinencias...! ¡Y de una criatura mía! Y como ya me tienes harto y además no sé ya qué hacer de ti, decido ahora mismo no ya que no te suicides, sino matarte yo. ¡Vas a morir, pues, pero pronto! ¡Muy pronto!
––¿Cómo? ––exclamó Augusto sobresaltado––, ¿que me va usted a dejar morir, a hacerme morir, a matarme?
––¡Sí, voy a hacer que mueras!
––¡Ah, eso nunca!, ¡nunca!, ¡nunca! ––gritó.
––¡Ah! ––le dije mirándole con lástima y rabia––. ¿Conque estabas dispuesto a matarte y no quieres que yo te mate? ¿Conque ibas a quitarte la vida y te resistes a que te la quite yo?
––Sí, no es lo mismo...
––En efecto, he oído contar casos análogos. He oído de uno que salió una noche armado de un revólver y dispuesto a quitarse la vida, salieron unos ladrones a robarle, le atacaron, se defendió, mató a uno de ellos, huyeron los demás, y al ver que había comprado su vida por la de otro renunció a su propósito.
––Se comprende ––observó Augusto––; la cosa era quitar a alguien la vida, matar un hombre, y ya que mató a otro, ¿a qué había de matarse? Los más de los suicidas son homicidas frustrados; se matan a sí mismos por falta de valor para matar a otros...
––¡Ah, ya, te entiendo, Augusto, te entiendo! Tú quieres decir que si tuvieses valor para matar a Eugenia o a Mauricio o a los dos no pensarías en matarte a ti mismo,
¿eh?
––¡Mire usted, precisamente a esos... no!
––¿A quién, pues?
––¡A usted! ––y me miró a los ojos.
––¿Cómo? ––exclamé poniéndome en pie––, ¿cómo? Pero ¿se te ha pasado por la imaginación matarme?, ¿tú?, ¿y a mí?
––Siéntese y tenga calma. ¿O es que cree usted, amigo don Miguel, que sería elprimer caso en que un ente de ficción, como usted me llama, matara a aquel a quien creyó darle ser... ficticio?
––¡Esto ya es demasiado ––decía yo paseándome por mi despacho––, esto pasa de la raya! Esto no sucede más que...
––Más que en las nivolas ––concluyó él con sorna.
––¡Bueno, basta!, ¡basta!, ¡basta! ¡Esto no se puede tolerar! ¡Vienes aconsultarme, a mí, y tú empiezas por discutirme mi propia existencia, después el derecho que tengo a hacer de ti lo que me dé la real gana, sí, así como suena, lo que me dé la real gana, lo que me salga de...
––No sea usted tan español, don Miguel...
––¡Y eso más, mentecato! ¡Pues sí, soy español, español de nacimiento, deeducación, de cuerpo, de espíritu, de lengua y hasta de profesión y oficio; español sobre todo y ante todo, y el españolismo es mi religión, y el cielo en que quiero creer es una España celestial y eterna y mi Dios un Dios español, el de Nuestro Señor Don Quijote, un Dios que piensa en español y en español dijo: ¡sea la luz!, y su verbo fue
verbo español...
––Bien, ¿y qué? ––me interrumpió, volviéndome a la realidad.
––Y luego has insinuado la idea de matarme. ¿Matarme?, ¿a mí?, ¿tú? ¡Morir yo a manos de una de mis criaturas! No tolero más. Y para castigar tu osadía y esas doctrinas disolventes, extravagantes, anárquicas, con que te me has venido, resuelvo y fallo que te mueras. En cuanto llegues a tu casa te morirás. ¡Te morirás,
te lo digo, te morirás!
––Pero ¡por Dios!... ––exclamó Augusto, ya suplicante y de miedo tembloroso y pálido.
––No hay Dios que valga. ¡Te morirás!
––Es que yo quiero vivir, don Miguel, quiero vivir, quiero vivir...
––¿No pensabas matarte?
––¡Oh, si es por eso, yo le juro, señor de Unamuno, que no me mataré, que no me quitaré esta vida que Dios o usted me han dado; se lo juro... Ahora que usted quiere matarme quiero yo vivir, vivir, vivir...
––¡Vaya una vida! ––exclamé.
––Sí, la que sea. Quiero vivir, aunque vuelva a ser burlado, aunque otra Eugenia y otro Mauricio me desgarren el corazón. Quiero vivir, vivir, vivir...
––No puede ser ya... no puede ser...
––Quiero vivir, vivir... y ser yo, yo, yo...
––Pero si tú no eres sino lo que yo quiera...
––¡Quiero ser yo, ser yo!, ¡quiero vivir! ––y le lloraba la voz.
––No puede ser... no puede ser...
––Mire usted, don Miguel, por sus hijos, por su mujer, por lo que más quiera...Mire que usted no será usted... que se morirá. Cayó a mis pies de hinojos, suplicante y exclamando:
––¡Don Miguel, por Dios, quiero vivir, quiero ser yo!
––¡No puede ser, pobre Augusto ––le dije cogiéndole una mano y levantándole––, no puede ser! Lo tengo ya escrito y es irrevocable; no puedes vivir más. No sé qué hacer ya de ti. Dios, cuando no sabe qué hacer de nosotros, nos mata. Y no se me olvida que pasó por tu mente la idea de matarme...
––Pero si yo, don Miguel...
––No importa; sé lo que me digo. Y me temo que, en efecto, si no te mato pronto acabes por matarme tú.
––Pero ¿no quedamos en que...?
––No puede ser, Augusto, no puede ser. Ha llegado tu hora. Está ya escrito y no puedo volverme atrás. Te morirás. Para lo que ha de valerte ya la vida...
––Pero... por Dios...
––No hay pero ni Dios que valgan. ¡Vete!
––¿Con que no, eh? ––me dijo––, ¿con que no? No quiere usted dejarme ser yo, salir de la niebla, vivir, vivir, vivir, verme, oírme, tocarme, sentirme, dolerme, serme: ¿conque no lo quiere?, ¿conque he de morir ente de ficción? Pues bien, mi señor creador don Miguel, ¡también usted se morirá, también usted, y se volverá a la nada de que salió...! ¡Dios dejará de soñarle! ¡Se morirá usted, sí, se morirá, aunque
no lo quiera; se morirá usted y se morirán todos los que lean mi historia, todos,todos, todos sin quedar uno! ¡Entes de ficción como yo; lo mismo que yo! Se morirán todos, todos, todos. Os lo digo yo, Augusto Pérez, ente ficticio como vosotros, nivolesco lo mismo que vosotros. Porque usted, mi creador, mi don Miguel, no es usted más que otro ente nivolesco, y entes nivolescos sus lectores, lo mismo que yo, que Augusto Pérez, que su víctima...
––¿Víctima? ––exclamé. ––¡Víctima, sí! ¡Crearme para dejarme morir!, ¡usted también se morirá! El que
crea se crea y el que se crea se muere. ¡Morirá usted, don Miguel, morirá usted, y morirán todos los que me piensen! ¡A morir, pues!
           
 4.4.2- San Manuel Bueno Mártir:



          - Explica brevemente el argumento
San Manuel Bueno Mártir cuenta la historia de Manuel, un cura que se desvive por lo demás, siempre está ayudando a la gente. Un día llega a la ciudad Lázaro una persona de carácter progresista y anticlerical, el cual empezará a sentir una animadversión que se convertirá en admiración hacia Manuel. Será a él, al que Manuel le cuente su secreto más íntimo: no tiene fe, solo lo hace para que la gente se sienta segura. Lázaro, solo se lo cuenta a Ángela, la narradora de este relato. Más tarde, morirá Manual, sin que nadie apenas sepa su secreto, quedando como un santo para todo el pueblo. 
          - ¿Cuál es el conflicto interior de Don Manuel?
El conflicto interior de Manuel es la mentira en la que está encerrado, ya que no puede salir de ella de ninguna forma, por que ¿qué pensaría de el el pueblo? la gente está relajada y vive sintiéndose segura gracias a la fe que él les ha transmitido.
          -  Explica qué  relación existe entre este conflicto personal  con el sentimiento trágico de la vida de Unamuno.
Porque Unamuno tampoco podía creer en Dios debido a la lógica y la ciencia, como he explicado anteriormente.
         

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