jueves, 13 de noviembre de 2014

Leopoldo Alas "Clarín": La Regenta

    5- LEOPOLDO ALAS "CLARÍN": LA REGENTA

              5.1- VIDA E IDEOLOGÍA: escribe los datos biográficos más importantes y di cuál era su ideología política:
-Nació en Zamora en 1852. Fue catedrático en la Universidad de Oviedo. Era conocido por sus obras literarias que constan de dos novelas largas , tres novelas cortas y más de cien relatos breves y por sus artículos periodísticos políticos y literarios. Murió en Oviedo en 1901.
-Era un republicano liberal que se preocupaba mucho por los problemas sociopolíticos  y criticaba la intolerancia de los sectores más tradicionales de la sociedad. 
Era un progresista liberal que luchó contra el fanatismo político.
                     5.2- LA REGENTA: En el siguiente enlace tienes la versión que RTVE hizo de la novela. Son tres capítulos aunque con el último tendréis suficiente para haceros una idea de la novela:LA REGENTA SERIE



                     5.2.1- Resume su argumento: para ello céntrate en las relaciones entre Ana Ozores, Fermín de Pas, Álvaro Mesía y Víctor Quintanar.
Ana Ozores es una mujer retraída y frustrada que vive en la ciudad de Vetusta(Oviedo). Está casada con Victor Quintanar, pero es un matrimonio de conveniencia, por lo que no están enamorados el uno del otro. A Ana la conocen como "la regenta" ya que Víctor fue regente de la ciudad. Esta siempre va a confesarse a la iglesia donde está el sacerdote Fermín de Pas, el cual siente una atracción por ella. Alvaro Mesía es un hombre atractivo que quiere conquistar a Ana para aumentar su prestigio social. Al final consigue su amor, pero al tiempo les descubren. Víctor Quintanar no tiene más opción que retarle un duelo al amante en el que acaba perdiendo y muere. Álvaro Mesía huye y Ana se queda sola, abandonada, ya ni Fermín de Pas quiere que vaya a confesarse allí.


                      5.2.2- Personajes:



                     - Ana Ozores (La Regenta): 






- ¿Cómo es su carácter, en qué se diferencia del resto de vetustenses?
Es una mujer muy sensible, soñadora,con carácter exaltado, que vive con crisis nerviosas debidas a sus recuerdos es joven y muy atractiva.
La diferencia es que fue educada fuera de la cuidad
-¿Por qué no es feliz en Vetusta y en su matrimonio?
En su matrimonio no es feliz porque en realidad no se casaron por amor, si no por conveniencia y porque las tías de Ana la obligaron.
En Vetusta tampoco es feliz ya que es una cuidad solitaria, pequeña y sin ningún atractivo. 


-¿ Qué busca en su relación con el  Magistral?
Con el Magistral, a través de la religión busca un medio de purificación espiritual y sublimizar sus necesidades sexuales y de reproducirse. Lo único que busca del Magistral es que le confiese, aunque este sienta una gran atracción hacia ella.
Su relación es mediante cartas.
-¿ Y con Álvaro Mesía?
Hacia él es hacia el único que siente atracción. Al principio no quería entregarle su cuerpo pero finalmente lo acaba haciendo por lo que lo que busca de Álvaro es que le de cariño.
Es física.



                 


                      - Fermín de Pas (El Magistral)




- ¿Tiene auténtica vocación religiosa? Te puede ayudar el siguiente texto: léelo y contesta las
preguntas: ¿Para qué utiliza su puesto en la Iglesia? ¿Qué significa que conocía una "Vetusta subterránea"? ¿Qué significaría para él convertirse en el confesor de la Regenta?
-No, no tiene auténtica vocación religiosa por imposición de la madre. Su religiosidad era fría.
-Utilizaba su puesto en la Iglesia para conocer los problemas que tenía la gente.
-Que conocía las cosas más importantes, las almas, los deslices, las manías y los vicios de los habitantes de Vetusta.
-Para él significaría satisfacer sus ambiciones ya que conocería lo que nadie conoce sobre ella, sabría sus secretos más íntimos. Significaría contraer confianza con ella, logrando que hiciera lo que él le aconsejaba, que sería lo que a él le beneficiara.




El Magistral conocía una especie de Vetusta subterránea: era la ciudad oculta de las conciencias. Conocía el interior de todas las casas importantes y de todas las almas que podían servirle para algo. Sagaz como ningún vetustense, clérigo o seglar, había sabido ir poco a poco atrayendo a su confesonario a los principales creyentes de la piadosa ciudad. Las damas de ciertas pretensiones habían llegado a considerar en el Magistral el único confesor de buen tono. Pero él escogía hijos e hijas de confesión. Tenía habilidad singular para desechar a los importunos sin desairarlos. Había llegado a confesar a quien quería y cuando quería. Su memoria para los pecados ajenos era portentosa.


Hasta de los morosos que tardaban seis meses o un año en acudir al tribunal de la penitencia, recordaba la vida y flaquezas. Relacionaba las confesiones de unos con las de otros, y poco a poco había ido haciendo el plano espiritual de Vetusta, de Vetusta la noble; desdeñaba a los plebeyos, si no eran ricos, poderosos, es decir, nobles a su manera. La Encimada era toda suya; la Colonia la iba conquistando poco a poco. Como los observatorios meteorológicos anuncian los ciclones, el Magistral hubiera podido anunciar muchas tempestades en Vetusta, dramas de familia, escándalos y aventuras de todo género. Sabía que la mujer devota, cuando no es muy discreta, al confesarse delata flaquezas de todos los suyos.


Así, el Magistral conocía los deslices, las manías, los vicios y hasta los crímenes a veces, de muchos señores vetustenses que no confesaban con él o no confesaban con nadie.


A más de un liberal de los que renegaban de la confesión auricular, hubiera podido decirle las veces que se había embriagado, el dinero que había perdido al juego, o si tenía las manos sucias o si maltrataba a su mujer, con otros secretos más íntimos. Muchas veces, en las casas donde era recibido como amigo de confianza, escuchaba en silencio las reyertas de familia, con los ojos discretamente clavados en el suelo; y mientras su gesto daba a entender que nada de aquello le importaba ni comprendía, acaso era el único que estaba en el secreto, el único que tenía el cabo de aquella madeja de discordia. En el fondo de su alma despreciaba a los vetustenses. «Era aquello un montón de basura». Pero muy buen abono, por lo mismo, él lo empleaba en su huerto; todo aquel cieno que revolvía, le daba hermosos y abundantes frutos.


La Regenta se le presentaba ahora como un tesoro descubierto en su propia heredad. Era suyo, bien suyo; ¿quién osaría disputárselo?













 -  Lee el siguiente fragmento que muestra a Fermín de Pas mirándose en el espejo mientras se lava y contesta a las  preguntas: ¿Por qué dice que miraba con tristeza sus músculos de acero? ¿Qué conflicto interior muestra este fragmento? ¿Por qué se siente en la necesidad de vestirse poniéndose cuanto antes la ropa de cura?
-Dice que miraba sus músculos de acero co tristeza porque aunque estaba fuerte físicamente, se veía débil respecto a su moral, ya que no podía alcanzar sus proposiciones, sus metas, que en este caso, una de ellas era Ana Ozores.
- En este fragmento, el conflicto interior que se muestra es que no se siente bien consigo mismo, que está decepcionado por no tener lo que quiere y saber que nunca lo podrá alcanzar.
-Sentía la necesidad de ponerse la ropa porque estar desnudo le llevaba a muchos recuerdos del pasado, le llevaba muy lejos de sus pensamientos de ahora.
El conflicto interior que muestra este fragmento es que se ve con un estupendo cuerpo el cual no puede aprovechar ya que es cura, y esa profesión no se lo permite.
Para no sentir la necesidad de acostarse con ninguna mujer ya que con ese estupendo cuerpo se lo podría permitir tantas veces como quisiera.


Y al pensar esto, mirándose al espejo, mientras se lavaba y peinaba, De Pas sonreía con amargura mitigada por el dejo de optimismo que le quedaba de sus reflexiones de poco antes.


Estaba desnudo de medio cuerpo arriba. El cuello robusto parecía más fuerte ahora por la tensión a que le obligaba la violencia de la postura, al inclinarse sobre el lavabo de mármol blanco. Los brazos cubiertos de vello negro ensortijado, lo mismo que el pecho alto y fuerte, parecían de un atleta. El Magistral miraba con tristeza sus músculos de acero, de una fuerza inútil (...)


Mientras estaba lavándose, desnudo de la cintura arriba, don Fermín se acordaba de sus proezas en el juego de bolos, allá en la aldea, cuando aprovechaba vacaciones del seminario para ser medio salvaje corriendo por breñas y vericuetos; el mozo fuerte y velludo que tenía enfrente, en el espejo, le parecía un otro yo que se había perdido, que había quedado en los montes, desnudo, cubierto de pelo como el rey de Babilonia, pero libre, feliz.... Le asustaba tal espectáculo, le llevaba muy lejos de sus pensamientos de ahora, y se apresuró a vestirse. En cuanto se abrochó el alzacuello, el Magistral volvió a ser la imagen de la mansedumbre cristiana, fuerte, pero espiritual, humilde: seguía siendo esbelto, pero no formidable. Se parecía un poco a su querida torre de la catedral, también robusta, también proporcionada, esbelta y bizarra, mística; pero de piedra. Quedó satisfecho, con la conciencia de su cuerpo fuerte, oculto bajo el manteo epiceno y la sotana flotante y escultural.


-¿ Cómo es su relación con la Regenta: qué siente por ella? Fíjate en cómo reacciona cuando se entera de que ha sido infiel con Álvaro Masía: ¿Por qué piensa que la Regenta era su legítima mujer? ¿Qué significa " Cientos de papas, docenas de concilios, miles de pueblos, millones de piedras de catedrales y cruces y conventos... toda la historia, toda la civilización, un mundo de plomo, yacían sobre él, sobre sus brazos, sobre sus piernas, eran sus grilletes.... "?
-Él siente amor hacia ella, la ama, pero ella no, ella está casada por obligación, es más desea a otro hombre.
-Porque es el que la ama de verdad, el que sabe todo sobre ella.
-Que son los que le sujetan, que son los que le impiden abalanzarse sobre su amante, ahogarle,  matarle...
Él la ama, su relación es que él es su confesor.
 Se siente su legítimo esposo porque sabe todo sobre ella, incluso llega a sentir celos de saber que está con otro hombre. 
Esa frase significa que no puede hacer lo que él quiere, que está sujeto por así decirlo por todo el mundo, que al ser cura, no puede tener relación con Doña Ana, no puede hacer nada contra Álvaro...
El Magistral estaba pensando que el cristal helado que oprimía su frente parecía un cuchillo que le iba cercenando los sesos; y pensaba además que su madre al meterle por la cabeza una sotana le había hecho tan desgraciado, tan miserable, que él era en el mundo lo único digno de lástima. La idea vulgar, falsa y grosera de comparar al clérigo con el eunuco se le fue metiendo también por el cerebro con la humedad del cristal helado. «Sí, él era como un eunuco enamorado, un objeto digno de risa, una cosa repugnante de puro ridícula.... Su mujer, la Regenta, que era su mujer, su legítima mujer, no ante Dios, no ante los hombres, ante ellos dos, ante él sobre todo, ante su amor, ante su voluntad de hierro, ante todas las ternuras de su alma, la Regenta, su hermana del alma, su mujer, su esposa, su humilde esposa... le había engañado, le había deshonrado, como otra mujer cualquiera; y él, que tenía sed de sangre, ansias de apretar el cuello al infame, de ahogarle entre sus brazos, seguro de poder hacerlo, seguro de vencerle, de pisarle, de patearle, de reducirle a cachos, a polvo, a viento; él atado por los pies con un trapo ignominioso, como un presidiario, como una cabra, como un rocín libre en los prados, él, misérrimo cura, ludibrio de hombre disfrazado de anafrodita, él tenía que callar, morderse la lengua, las manos, el alma, todo lo suyo, nada del otro, nada del infame, del cobarde que le escupía en la cara porque él tenía las manos atadas.... ¿Quién le tenía sujeto? El mundo entero.... Veinte siglos de religión, millones de espíritus ciegos, perezosos, que no veían el absurdo porque no les dolía a ellos, que llamaban grandeza, abnegación, virtud a lo que era suplicio injusto, bárbaro, necio, y sobre todo cruel... cruel.... Cientos de papas, docenas de concilios, miles de pueblos, millones de piedras de catedrales y cruces y conventos... toda la historia, toda la civilización, un mundo de plomo, yacían sobre él, sobre sus brazos, sobre sus piernas, eran sus grilletes.... Ana que le había consagrado el alma, una fidelidad de un amor sobrehumano, le engañaba como a un marido idiota, carnal y grosero.... ¡Le dejaba para entregarse a un miserable lechuguino, a un fatuo, a un elegante de similor, a un hombre de yeso... a una estatua hueca!... Y ni siquiera lástima le podía tener el mundo, ni su madre que creía adorarle, podía darle consuelo, el consuelo de sus brazos y sus lágrimas.... Si él se estuviera muriendo, su madre estaría a sus pies mesándose el cabello, llorando desesperada; y para aquello, que era mucho peor que morirse, mucho peor que condenarse... su madre no tenía llanto, abrazos, desesperación, ni miradas siquiera... Él no podía hablar, ella no podía adivinar, no debía.... No había más que un deber supremo, el disimulo; silencio... ¡ni una queja, ni un movimiento! Quería correr, buscar a los traidores, matarlos... ¿sí? pues silencio... ni una mano había que mover, ni un pie fuera de casa.... Dentro de un rato sí, ¡a coro a coro! ¡Tal vez a decir misa... a recibir a Dios!». El Provisor sintió una carcajada de Lucifer dentro del cuerpo; sí, el diablo se le había reído en las entrañas... ¡y aquella risa profunda, que tenía raíces en el vientre, en el pecho, le sofocaba... y le asfixiaba!...


-¿Qué siente hacia Alvaro Mesía? Quizás te pueda ayudar el siguiente fragmento: el Magistral ve que su relación con la Regenta no va por buen camino y entonces desde la torre de la catedral observa que llega Álvaro Mesía: ¿Qué ve que tanto le molesta? ¿Puede competir con la Regenta de igual a igual con Álvaro Mesía?¿Por qué? ¿Por qué dice que el confesionario era como un cepo?
-Siente rabia, envidia e impotencia hacia Álvaro esía ya que este puede tener a Ana Ozores y Fermín no.
-Ve que Álvaro Mesía y Ana Ozores están dados de la mano y que se esconden detrás de unos arbustos. Lo que ve que tanto le molesta es que Ana arroja el libro que él mismo le había regalado. 
-No, no puede competir porque Ana hacia Álvaro siente atracción y hacia él no. Además que su profesión se lo impide.
-Ya que cepo significa trampa para cazar animales, lo compara con el confesionario por el hecho de que se siente atrapado, incapaz de conquistar a Ana.

Si don Álvaro perdía la esperanza, el Magistral tampoco estaba satisfecho. Veía muy lejos el día de la victoria; la inercia de Ana le presentaba cada vez nuevos obstáculos con que él no había contado. Además, su amor propio estaba herido. Si alguna vez había ensayado interesar a su amiga descubriéndole, o por vía de ejemplo o por alarde de confianza, algo de la propia historia íntima, ella había escuchado distraída, como absorta en el egoísmo de sus penas y cuidados. Más había; aquella señora que hablaba de grandes sacrificios, que pretendía vivir consagrada a la felicidad ajena, se negaba a violentar sus costumbres, saliendo de casa a menudo, pisando lodo, desafiando la lluvia; se negaba a madrugar mucho, y alegando como si se tratase de cosa santa, las exigencias de la salud, los caprichos de sus nervios. «El madrugar mucho me mata; la humedad me pone como una máquina eléctrica». Esto era humillante para la religión ydepresivo para don Fermín; era, de otro modo, un jarro de agua que le enfriaba el alma al Provisor y le quitaba el sueño.


Una tarde entró De Pas en el confesonario con tan mal humor, que Celedonio el monaguillo le vio cerrar la celosía con un golpe violento. Don Fermín bajaba del campanario, donde, según solía de vez en cuando, había estado registrando con su catalejo los rincones de las casas y de las huertas. Había visto a la Regenta en el parque pasear, leyendo un libro que debía de ser la historia de Santa Juana Francisca, que él mismo le había regalado. Pues bien, Ana, después de leer cinco minutos, había arrojado el libro con desdén sobre un banco.


—¡Oh! ¡oh! ¡estamos mal!—había exclamado el clérigo desde la torre: conteniendo en seguida la ira, como si Ana pudiera oír sus quejas. Después habían aparecido en el parque dos hombres, Mesía y Quintanar. Don Álvaro había estrechado la mano de la Regenta que no la había retirado tan pronto como debiera; «¡aunque no fuese más que por estar viéndolos él!». Don Víctor había desaparecido y el seductor de oficio y la dama se habían ocultado poco a poco entre los árboles, en un recodo de un sendero. El Magistral sintió entonces impulsos de arrojarse de la torre. Lo hubiera hecho a estar seguro de volar sin inconveniente. Poco después había vuelto a presentarse don Víctor, el tonto de don Víctor, con sombrero bajo y sin gabán, de cazadora clara, acompañado de don Tomás Crespo, el del tapabocas; los dos se habían ido en busca de los otros y los cuatro juntos se presentaron de nuevo, ante el objetivo del catalejo que temblaba en las manos finas y blancas del canónigo. Don Víctor levantaba la cabeza, extendía el brazo, señalaba a las nubes y daba pataditas en el suelo. Ana había desaparecido otra vez, había entrado en la casa, olvidando a Santa Juana Francisca sobre el banco, y a los dos minutos estaba otra vez allí con chal y sombrero; y los cuatro habían salido por la puerta del parque, que abrió Frígilis con su llave. ¡Iban al campo!


Cuando don Fermín se vio encerrado entre las cuatro tablas de su confesonario, se comparó al criminal metido en el cepo.




- ¿Cómo ha influido su madre en el hecho de ser sacerdote? ¿Qué crees que no quieres decir sutilmente Clarín sobre lo que su madre propone a las criadas? La escena entre la criada y el Magistral sugiere muchas cosas sobre la relación entre ellos: ¿cuáles? Puedes visionar esta escena en el minuto 22 de la serie de RTVE: LA REGENTA SERIE
-Su madre le obligó a ser sacerdote porque esa profesión tenía futuro y podía subir de puestos sociales.
Su madre influyó en el hecho de que le aseguraba que ese oficio le ayudaría a salir de la miseria y tendría más estatus social
-Que su madre les ha pedido que intenten seducirla, como se puede apreciar en la escena, donde la criada se sube a la cama, con poses provocativas.
-En la escena se puede apreciar perfectamente que como Paula la ha indicado, está intentando provocarle pero aparte de que él se siente atraído por Ana, intenta evitarla.
En casa el Magistral era el señorito. Así le nombraba el ama delante de los criados y era el tratamiento que ellos le daban y tenían que darle.



A doña Paula, que no siempre había sido señora, le sonaba mejor el señorito que un usía. Las doncellas de doña Paula venían siempre de su aldea; las escogía ella cuando iba por el verano al campo. Las conservaba mucho tiempo. La condición de dormir cerca del señorito, por si llamaba, se les imponía con una naturalidad edemíaca. Ni las muchachas ni el Magistral habían opuesto nunca el menor reparo. Los ojos azules, claros, sin expresión, muy abiertos, de doña Paula, alejaban la posibilidad de toda sospecha; por los ojos se le conocía que no toleraba que se pusiese en tela de juicio la pureza de costumbres de su hijo y la inocencia de su sueño; ni al mismo Provisor le hubiera consentido media palabra de protesta, ni una leve objeción en nombre del qué dirán. ¿Qué habían de decir? Allí la castidad de ella, que era viuda, y la de su hijo, que era sacerdote, se tenían por indiscutibles; eran de una evidencia absoluta; ni se podía hablar de tal cosa. «Don Fermín continuaba siendo un niño que jamás crecería para la malicia». Este era un dogma en aquella casa. Doña Paula exigía que se creyera que ella creía en la pureza perfecta de su hijo. Pero todo en silencio.


Teresina entró abrochando los corchetes más altos del cuerpo de su hábito negro (de los Dolores) y en seguida ató cerca de la cintura en la espalda el pañuelo de seda también negro que le cruzaba el pecho.


—¿Qué quería el señorito? ¿se siente mal? ¿traeré ya el café?


—¿Yo?... hija mía... no... no he llamado.


Teresina sonrió. Se pasó una mano mórbida y fina por los ojos, abrió un poco la boca, y añadió:


—Apostaría... haber oído....


—No, yo no. ¿Qué hora es?

Teresina miró al reloj que estaba sobre la cabeza del Magistral. Le dijo la hora y ofreció otra vez el café, todo sonriendo con cierta coquetería, contenida por la expresión de piedad que allí era la librea.

—¿Y madre?—Duerme. Se acostó muy tarde. Como están con las cuentas del trimestre....

—Bien; tráeme el café, hija mía.

Teresina, antes de salir, puso orden en los muebles, que no pecaban de insurrectos, que estaban como ella los había dejado el día anterior; también tocó los libros de la mesa, pero no se atrevió con los que yacían sobre las sillas y en el suelo. Aquéllos no se tocaban. Mientras Teresina estuvo en el despacho, el Magistral la siguió impaciente con la mirada, algo fruncido el entrecejo, como esperando que se fuera para seguir trabajando o meditando.

Hasta que tuvo el café delante no recordó que él solía decir misa; que era un señor cura. ¿La tenía? ¿Había prometido decirla? No pudo resolver sus dudas. Pero la seguridad con que Teresa procedía le tranquilizó.

Ni doña Paula ni Teresa olvidaban jamás estos pormenores. Ellas eran las encargadas de oír la campana del coro, de apuntar las misas, de cuanto se refería a los asuntos del rito. De Pas cumplía con estos deberes rutinarios, pero necesitaba que se los recordasen. ¡Tenía tantas cosas en la cabeza! Sus olvidos eran dentro de casa, porque fuera se jactaba de ser el más fiel guardador de cuanto la Sinodal exigía, y daba frecuentes lecciones al mismo maestro de ceremonias.

Tomó el café y se levantó para dar algunos paseos por el despacho; quería distraerse, sacudir aquellos pensamientos importunos que no le permitían adelantar en su trabajo.

Teresina entraba y salía sin pedir permiso, pero andaba por allí como el silencio en persona; no hacía el menor ruido. Llevó el servicio del café, volvió a buscar un jarro de estaño y el cubo del lavabo; entró de nuevo con ellos y una toalla limpia. Entró en la alcoba, dejando las puertas de cristales abiertas, y se puso a levantar la cama, operación que consistía en sacudir las almohadas y los colchones, doblar las sábanas y la colcha y guardarlas entre colchón y colchón, tender una manta sobre el lecho y colocar una sobre otras las almohadas sacudidas, pero sin funda. El Magistral dormía algunos días la siesta, y doña Paula, por economía, le preparaba así la cama. Hacerla formalmente hubiera sido un despilfarro de lavado y planchado.
Don Fermín volvió a sentarse en su sillón. Desde allí veía, distraído, los movimientos rápidos de la falda negra de Teresina, que apretaba las piernas contra la cama para hacer fuerza al manejar los pesados colchones. Ella azotaba la lana con vigor y la falda subía y bajaba a cada golpe con violenta sacudida, dejando descubiertos los bajos de las enaguas bordadas y muy limpias, y algo de la pantorrilla. El Magistral seguía con los ojos los movimientos de la faena doméstica, pero su pensamiento estaba muy lejos. En uno de sus movimientos, casi tendida de brazos sobre la cama, Teresina dejó ver más de media pantorrilla y mucha tela blanca. De Pas sintió en la retina toda aquella blancura, como si hubiera visto un relámpago; y discretamente, se levantó y volvió a sus paseos. La doncella jadeante, con un brazo oculto en el pliegue de un colchón doblado, se volvió de repente, casi tendida de espaldas sobre la cama. Sonreía y tenía un poco de color rosa en las mejillas.
—¿Le molesta el ruido, señorito?
El Magistral miró a la hermosa beata que en aquel momento no conservaba ningún gesto de hipocresía. Apoyando una mano en el dintel de la puerta de la alcoba, dijo el amo sonriente como la criada:
—La verdad, Teresina... el trabajo de hoy es muy importante. Si te es igual, vuelve luego, y acabarás de arreglar esto cuando yo no esté.
—Bien está, señorito, bien está—respondió la criada, muy seria, con voz gangosa y tono de canto llano.
Y con mucha prisa, haciendo saltar la ropa cerca del techo, acabó de levantar la cama y salió de las habitaciones del señorito.


                  - Don Álvaro Mesía: 

-¿A qué clase social representa en la novela,?
Álvaro Mesía pertenece a la alta burguesía, ya que es el jefe del partido liberal dinástico.
-¿Por qué quiere conquistar a la Regenta?¿Está realmente enamorado de ella?
Porque es a la única que no ha conquistado, porque es muy bella y porque es "la joya" de Vetusta, y al ser un hombre atractivo, tenía la necesidad de conquistarla. No, no está enamorado de ella, solo quiere intentar que le agrade sexualmente. Esto último se puede apreciar cuando huye después de haber matado a Quintanar.


                    - Don Víctor Quintanar: 


- ¿Cómo es su relación con su mujer?¿La satisface sexualmente?
En su relación con su mujer, no hay amor, ya que es un matrimonio de conveniencia. Por mucho que Ana intentara quererle, no lo conseguía. No, debido a su edad no le puede satisfacer sexualmente o por lo menos no tanto como a Ana le gustaría.
                     5.2.3- Temas: Igual que hemos visto en Fortunata y Jacinta, en La Regenta hay dos planos: uno personal y otro social que le sirve de fondo:

                     - Conflictos personales: 




  - ¿Por qué fracasan todas las relaciones sentimentales de la obra: Ana-el Fermín de Pas; Ana-Álvaro Mesía; Ana-Víctor Quintanar?
La relación entre Ana y Fermín de Pas fracasa debido a que como Fermín la considera su mujer ya que piensa que es el único que la ama, y por la unica mujer que se siente atraído, y engaña a su marido, siente que también le ha engañado a él por lo tanto no vuelve a confiar en él. Porque Fermín intenta seducir a Ana a través de lo espiritual, de la iglesia y así es imposible, falta la parte sexual.
La relación entre Ana y Álvaro Mesía fracasa porque él tiene que huir tras el duelo en el que mata a Víctor. En esta parte es todo sexual, falta la parte espiritual. 
Por último, la relación entre Ana y Víctor, fracasa por el hecho de que en esa relación no hay amor y porque él es bastante mas mayor que ella. Por esas razones, Ana le engaña con Álvaro y ahí se termina su relación. En esta relación faltan las dos partes, la espiritual y la sexual ya que es un matrimonio de conveniencia, no están enamorados y por la parte de lo sexual, Víctor es mucho mayor que ella y no la satesface sexualmente.
                     - Conflictos sociales: 



   -  ¿Qué tipo de ciudad española simboliza Vetusta? Busca en el diccionario el significado de "vetusto" y di por qué crees que Clarín la llamó así? 
-Vetusta simboliza a la típica cuidad solitaria, aburrida y vieja donde hay habitantes envidiosos y cotillas.
-Vetusto significa viejo, antiguo.
-Creo que Clarín la llamó así porque simboliza una ciudad pequeña y antigua que se relaciona con lo viejo, donde por ejemplo hay habitantes cotillas como Fermín de Pas.






   - Opinión sobre la Iglesia: Lee el siguiente fragmento y contesta las preguntas:  ¿Los miembros del coro de la Catedral tienen auténtica vocación o rezan como si fuera una obligación laboral? ¿Se llevan bien entre ellos? ¿Qué crees que critica Clarín de la Iglesia?
-Los miembros del coro de la Catedral no tienen auténtica vocación, si no que rezan como si fuera una obligación laboral ya que se aburren haciéndolo, como dice en las primeras líneas de este fragmento.
-No, entre ellos no se llevan bien ya que algunos ni se hablan, ni si quiera se saludan, se hacían bromas pesadas entre ellos, se daban toquecitos en el hombro... 
-Creo que aquí Clarín esta criticando la falta de respeto de los canónigos, ya que habla de ellos con una forma despreciable. El egoísmo, la avaricia de la riqueza, la hipocresía...




El coro había terminado: los venerables canónigos dejaban cumplido por aquel día su deber de alabar al Señor entre bostezo y bostezo. Uno tras otro iban entrando en la sacristía con el aire aburrido de todo funcionario que desempeña cargos oficiales mecánicamente, siempre del mismo modo, sin creer en la utilidad del esfuerzo con que gana el pan de cada día. El ánimo de aquellos honrados sacerdotes estaba gastado por el roce continuo de los cánticos canónicos, como la mayor parte de los roquetes, mucetas y capas de que se despojaban para recobrar el manteo. Se notaba en el cabildo de Vetusta lo que es ordinario en muchas corporaciones: algunos señores prebendados no se hablaban; otros no se saludaban siquiera. Pero a un extraño no le era fácil conocer esta falta de armonía: la prudencia disimulaba tales asperezas, y en conjunto reinaba la mayor y más jovial concordia. Había apretones de mano, golpecitos en el hombro, bromitas sempiternas, chistes, risas, secretos al oído. Algunos, taciturnos, se despedían pronto y abandonaban el templo; no faltaba quien saliera sin despedirse.






     - Opinión sobre la burguesía y la nobleza: Lee el siguiente fragmento y contesta preguntas:  ¿Se llevan mal la nobleza y la burguesía?¿Por qué Ana no se podrá casar con un noble? ¿A qué debe aspirar?
No se llevaban mal, pero tampoco se llevaban bien ya que algunas cosas las envidiaban de otras. Buscan beneficios los unos de los otros.
No, Ana no se podría casar con un noble, ya que ella es pobre, ella tendría muchos admiradores y a los hombres les atraería su hermosura pero no se llegarían a casar.
Aspiraba a casarse con un plebeyo que al menos la pudiera mantener.



 Las señoritas nobles no envidiaban mucho a Anita, porque era pobre. Para ellas la hermosura era cosa secundaria; daban más valor a la dote y a los vestidos, y creían que las proporciones—los novios aceptables—harían lo mismo. Sabían a qué atenerse. En las tertulias, en los bailes, en las excursiones campestres no le faltarían a la sobrina adoradores; los muchachos de la aristocracia eran casi todos libertinos más o menos disimulados; les atraería la hermosura de Ana, pero no se casarían con ella. Cada niña aristócrata no necesitaba más cuidado que prohibir a su novio formal—el futuro esposo—hacer el amor a la huérfana, a lo menos en presencia de su futura. Si Anita se descuidaba, pensaban las herederas, podía verse comprometida sin ninguna utilidad. Dentro de la nobleza no era probable que se casara. Los nobles ricos buscaban a las aristócratas ricas, sus iguales; los nobles pobres buscaban su acomodo en la parte nueva de Vetusta, en la Colonia india, como llamaban al barrio de los americanos los aristócratas. Un indiano plebeyo, un vespucio—como también los apellidaban—pagaba caro el placer de verse suegro de un título, o de un caballero linajudo por lo menos.


El cálculo de las tías respecto al matrimonio de Ana no se había modificado a pesar de la gran hermosura de su sobrina. Por guapa no se casaría con un noble; era preciso abdicar, dejarla casarse con un ricacho plebeyo. Entre tanto, se necesitaba mucha vigilancia y tener advertida a la niña






-  Lee el siguiente fragmento situado al final de la novela cuando ya se ha desencadenado todo y contesta a las preguntas: ¿Les había alegrado a los vetustenses que la Regenta cayera en el adulterio y sus posteriores consecuencias? ¿Lo reconocían o fingían escándalo y horror? ¿Por qué crees que reaccionan así? ¿Qué característica de la sociedad crítica Clarín con esto?
-Sí, sí que les había alegrado que la Regenta cayera en el adulterio pero lo que no se imaginaban es que Víctor fuera a morir por culpa de ella con un pistoletazo en la vejiga ya que en ningún caso, en Vetusta había muerto nadie por armas de fuego.
-Fingían escándalo y horror en vez de reconocerlo.
-Creo que reaccionan así para no quedar mal delante del pueblo, para no quedar como malas personas que se ríen de las desgracias ajenas.
-Según mi punto de vista, Clarín está criticando la falsedad de la gente, tanto por fingir escándalo y horror, como por las mujeres que sentían envidia de Ana y no lo aceptaban.



Vetusta la noble estaba escandalizada, horrorizada. Unos a otros, con cara de hipócrita compunción, se ocultaban los buenos vetustenses el íntimo placer que les causaba aquel gran escándalo que era como una novela, algo que interrumpía la monotonía eterna de la ciudad triste. Pero ostensiblemente pocos se alegraban de lo ocurrido. ¡Era un escándalo! ¡Un adulterio descubierto! ¡Un duelo! ¡Un marido, un ex-regente de Audiencia muerto de un pistoletazo en la vejiga! En Vetusta, ni aun en los días de revolución había habido tiros. No había costado a nadie un cartucho la conquista de los derechos inalienables del hombre. Aquel tiro de Mesía, del que tenía la culpa la Regenta, rompía la tradición pacífica del crimen silencioso, morigerado y precavido. «Ya se sabía que muchas damas principales de la Encimada y de la Colonia engañaban o habían engañado o estaban a punto de engañar a su respectivo esposo, ¡pero no a tiros!». La envidia que hasta allí se había disfrazado de admiración, salió a la calle con toda la amarillez de sus carnes. Y resultó que envidiaban en secreto la hermosura y la fama de virtuosa de la Regenta no sólo Visitación Olías de Cuervo y Obdulia Fandiño y la baronesa de la Deuda Flotante, sino también la Gobernadora, y la de Páez y la señora de Carraspique y la de Rianzares o sea el Gran Constantino, y las criadas de la Marquesa y toda la aristocracia, y toda la clase media y hasta las mujeres del pueblo... y ¡quién lo dijera! la Marquesa misma, aquella doña Rufina tan liberal que con tanta magnanimidad se absolvía a sí misma de las ligerezas de la juventud... ¡y otras!


Hablaban mal de Ana Ozores todas las mujeres de Vetusta, y hasta la envidiaban y despellejaban muchos hombres con alma como la de aquellas mujeres. Glocester en el cabildo, don Custodio a su lado, hablaban de escándalo, de hipocresía, de perversión, de extravíos babilónicos; y en el Casino, Ronzal. Foja, los Orgaz echaban lodo con las dos manos sobre la honra difunta de aquella pobre viuda encerrada entre cuatro paredes.


Obdulia Fandiño, pocas horas después de saberse en el pueblo la catástrofe, había salido a la calle con su sombrero más grande y su vestido más apretado a las piernas y sus faldas más crujientes, a tomar el aire de la maledicencia, a olfatear el escándalo, a saborear el dejo del crimen que pasaba de boca en boca como una golosina que lamían todos, disimulando el placer de aquella dulzura pegajosa.


«¿Ven ustedes? decían las miradas triunfantes de la Fandiño. Todas somos iguales».







    - Lee el siguiente fragmento y contesta a las preguntas: ¿Qué sistema político representan Don Álvaro y el Marqués de Vegallana? (recuerda lo que viste del caciquismo en el contexto histórico). ¿Había alguna diferencia si gobernaban unos u otros?
Don Álvaro representaba el partido liberal dinástico y el Marqués de Vegallana, el partido más reaccionario de los dinásticos. El Marqués de Vegallana representaba al partido conservador.
Cuando gobernaban los del Marqués, como había caciquismo, don Álvaro repartía estanquillos, comisiones, licencias de caza y a menudo algo mas suculento, como si fueran de los suyos y cuando gobernaban los liberales, el Marques de Vegallana daba estanquillos, empleos y perbendas. Lo que les diferenciaba era el líder, hasta la base de los ideales era la misma.
El marqués de Vegallana era en Vetusta el jefe del partido más reaccionario entre los dinásticos; pero no tenía afición a la política y más servía de adorno que de otra cosa. Tenía siempre un favorito que era el jefe verdadero. El favorito actual era (¡oh escándalo del juego natural de las instituciones y del turno pacífico!) ni más ni menos, don Álvaro Mesía, el jefe del partido liberal dinástico. El reaccionario creía resolver sus propios asuntos y en realidad obedecía a las inspiraciones de Mesía. Pero este no abusaba de su poder secreto. Como un jugador de ajedrez que juega solo y lo mismo se interesa por los blancos que por los negros, don Álvaro cuidaba de los negocios conservadores lo mismo que de los liberales. Eran panes prestados. Si mandaban los del Marqués, don Álvaro repartía estanquillos, comisiones y licencias de caza, y a menudo algo más suculento, como si fueran gobierno los suyos; pero cuando venían los liberales, el marqués de Vegallana seguía siendo árbitro en las elecciones, gracias a Mesía, y daba estanquillos, empleos y hasta perbendas.


Así era el turno pacífico en Vetusta, a pesar de las apariencias de encarnizada discordia. Los soldados de fila, como se llamaban ellos, se apaleaban allá en las aldeas, y los jefes se entendían, eran uña y carne. Los más listos algo sospechaban, pero no se protestaba, se procuraba sacar tajada doble, aprovechando el secreto



Fortunata y Jacinta

  4.3- FORTUNATA Y JACINTA



                     4.3.1- Resume su argumento: para ello céntrate en las relaciones entre Fortunata, Jacinta, Juan Santa Cruz y Maximiliano Rubí
Juanito Santa Cruz era un hombre, que al ver a Fortunata, la pidió que se fugase con ella y así lo hizo. De ese romance nació un hijo que murió antes de cumplir el año.
 Los matrimonios Santa Cruz y Arnaiz designaron a Jacinta como esposa de Juanito. En su luna de miel, Juan le contó la aventura que tuvo con Fortunata. Al cabo de unos años, Jacinta se entera de que habían tenido un hijo. El tío de Fortunata la convence de que Pituso era el hijo de ambos y aceptó quedarse con él, pero Juanito le cuenta que su hijo había fallecido. El niño que había cogido no era suyo.
Fortunata hace una vida muy poco ejemplar hasta que conoce a Maximiliano Rubín con el cual se casa. Dos veces, Juanito vuelve y Fortunata acepta irse con él. Le pide la reconciliación a Maximiliano, al principio la acepta, pero al sentir celos, se vuelve temido, lo que hace que Fortunata le abandone de nuevo. Vuelve con Juanito, del cual se queda embarazada y tiene un hijo. Se entera de que está con otra y de la rabia va a pegarla pero una hemorragia la mata. Antes de morir, le llevó el niño a Estupiñá para que se lo entregue a Jacinta, la cual, al enterarse de este último acontecimiento abandona a Juanito para siempre.
                      4.3.2- Personajes:

                    - Fortunata: 


- ¿Cuál es su origen social?
Pertenece a un pueblo llano y auténtico de España, inculta, ya que no sabe leer ni escribir, y sencilla pero directa.
-¿Cómo es su relación con Santa Cruz? ¿Está enamorada de él?
Es una relación inestable, ya que va y vuelve con él y este le engaña cada dos por tres. No está enamorada, solo le desea, es un amor físico.
En su relación ella se ve dominada por Juan Santa Cruz. Sí que está enamorada de él.
- ¿Qué es para ella el amor?
Es una fuerza que lo vence todo, que puede incluso a las convenciones sociales.
 -¿Qué envidia de Jacinta?
La distinción, el señorío, la honradez, la dulzura y la bondad.
Que ella está casada con Santa Cruz, la honradez ya que ella no es honrada socialmente por haber estado con muchos hombres. Otra cosa que también envidia mucho es la elegancia.


-¿Cuál es su conflicto interior en su relación con Maximiliano Rubí (en el minuto 38 del siguiente episodio que RTVE hizo de una serie basada en la novela, hallarás la respuesta:FORTUNATA Y JACINTA SERIE
No sabe si casarse con él o no, ya que si se casa, podrá vivir sin gentuza a su alrededor, ser honrada y tener una vida mejor, pero, no sabe si podrá vivir con una persona a la que no quiere y nunca podrá querer. No le gusta sexualmente, incluso le llega a producir repugnancia.
                    - Jacinta:



-¿ Cuál es su origen social, qué colectivo social representa?
Es una niña de buena familia, representa a una madrileña perteneciente al colectivo de la clase media burguesa.
Al casarse con Santa Cruz pasa a ser de la clase alta. Representa al colectivo de las mujeres.

-¿  Cómo es su relación con Santa Cruz?
Juan le provoca un martirio constante, ya que siempre la está engañando con otras, normalmente con Fortunata.
Juan le va a consumir todo su tiempo libre, 




-¿Cuál es su gran obsesión?
Su gran obsesión es ser madre, pero no puede, ya que es estéril. Al final acaba aceptando al hijo de Fortunata y Juanito Santa Cruz.

-¿Qué siente hacia Fortunata?
Siente envidia hacia Fortunata porque ella sí puede tener hijos. Jacinta es de carácter débil y desmedrado, por lo que nunca llega a su altura, y Fortunata gana siempre por temperamento o por convicciones.

- Juan Santa Cruz:




 -¿Qué grupo social representa?
Representa la clase alta, ya que es un hombre que ha nacido en un lugar donde siempre había habido dinero.

 - ¿Cómo es su carácter?
Es frívolo, hipócrita, seductor, falso, superficial, mujeriego, de ideales mezquinos, inmaduro, caprichoso, antojadizo...No evoluciona durante la novela.

 - ¿Cómo es su relación con Jacinta?
Su relación con Jacinta es inestable ya que la engaña, ella va y viene de casa...
Eran como hermanos. Simboliza que el amor prevalece antes que la sociedad, la riqueza o el poder.

 -¿Cómo es su relación con Fortunata? ¿Qué simbolismo social tiene esta relación (recuerda a qué grupos sociales pertenecen)?
Al igual que con Jacinta, su relación es inestable, porque también la engaña. 
Siente deseo sexual hacia ella. Simboliza la explotación hacia el pueblo.
                   


                          

- Maximiliano Rubí:





   - Lee la presentación que Galdós hace de él antes de conocer a Fortunata y contesta a las siguientes preguntas:



- ¿Es inteligente? 
No, es su tía la que consigue que apruebe.

- ¿Estudia Farmacia por vocación?
No, no lo estudia por eso, ya que a él no le llama la atención ni esa ni ninguna otra carrera, se lo ponderan su tía y su hermano, y cómo se conforma con todo, aceptó.

-¿Qué hace su tía para que apruebe?
Su tía le ayudaba a estudiar, le animaba, y cuando le veía muy apurado iba a hablar con los profesores y les convencía para que pasase.

-¿Cómo es físicamente? 
Era bajito, endeble, con la cabeza chata, el pelo lacio y no muy común, su piel era lustrosa, fina, tenía el hueso de la nariz hundido y su dentadura estaba desigualada.

-¿Por qué miraba a los soldados desde su casa?
Porque les tenía mucha admiración, soñaba ser como ellos, tener su tizona, su bigote y su uniforme, haber crecido, tener las piernas derechas y el cuerpo no tan caído, que se le arreglaba la nariz y que le crecía el pelo.

 -¿Qué imaginaba cuando andaba solo por la calle?
Se imaginaba que iba persiguiendo hazañas. Cuanto veía a alguna chica guapa empezaba a perseguirla por pura aventura y cuando veía a otra mejor, comenzaba a perseguirla a ella.

-¿En qué categorías encuadraba a las mujeres? ¿Cómo era su relación con ellas?
Las encuadraba en guapas y honradas. Le daba mucha vergüenza tratar con ellas, intentaba evitar el contacto.


Juan Pablo, que siempre se había equivocado en lo referente a sí mismo y andaba por caminos torcidos, acertó al disponer que su hermano pequeño siguiese la carrera de Farmacia. Muchas personas que no hacen más que disparates, poseen esta perspicacia del consejo y de la dirección de los demás, y no dando pie con bola en los destinos propios, ven claro en los del prójimo. En tal decisión tuvo además bastante parte un grande amigo del difunto Nicolás Rubín y de toda la familia (el farmacéutico Samaniego, dueño de la acreditada botica de la calle del Ave María), prometiendo tomar bajo sus auspicios a Maximiliano, llevársele de mancebo o practicante con la mira de que, andando el tiempo, se quedase al frente del establecimiento.


Empezó Maximiliano sus estudios el 69, y su hermano y su tía le ponderaban lo bonita que era la Farmacia y lo mucho que con ella se ganaba, por ser muy caros los medicamentos y muy baratas las primeras materias: agua del pozo, ceniza del fogón, tierra de los tiestos, etcétera... El pobre chico, que era muy dócil, con todo se mostraba conforme. Lo que es entusiasmo, hablando en plata, no lo tenía por esta carrera ni por otra alguna; no se había  despertado en él ningún afán grande ni esa curiosidad sedienta de que sale la sabiduría. Era tan endeble que la mayor parte del año estaba enfermo, y su entendimiento no veía nunca claro en los senos de la ciencia, ni se apoderaba de una idea sino después de echarle muchas lazadas como si la amarrara. Usaba de su escasa memoria como de un ave de cetrería para cazar las ideas; pero el halcón se le marchaba a lo mejor, dejándole con la boca abierta y mirando al cielo.


Fueron penosísimos los primeros pasos en la carrera. La pereza y la debilidad le retenían en el lecho por las mañanas más tiempo del regular, y la pobre doña Lupe pasaba la pena negra para sacarle de las sábanas. Levantábase ella muy temprano, y se ponía a dar golpes con el almirez junto a la misma cabeza del durmiente, que las más de las veces no se daba por entendido de tal estruendo. Luego le hacía cosquillas, acostaba al gato con él, le retiraba las sábanas con la debida precaución para que no se enfriase. El sueño se cebaba de tal modo en aquel cuerpo, por las exigencias de la reparación orgánica, que el despertar del estudiante era obra de romanos y una de las cosas en que más energía y constancia desplegaba doña Lupe.


El muchacho estudiaba y quería cumplir con su deber; pero no podía ir más allá de sus   alcances. Doña Lupe le ayudaba a estudiar las lecciones, animábale en sus desfallecimientos, y cuando le veía apurado y temeroso por la proximidad de los exámenes, se ponía la mantilla y se iba a hablar con los profesores. Tales cosas les decía, que el chico pasaba, aunque con malas notas. Como no estuviese enfermo, asistía puntualmente a clase, y era de los que traían mayor trajín de notas, apuntes y cuadernos. Entraba en el aula cargado con aquel fardo, y no perdía sílaba de lo que el profesor decía.


Era de cuerpo pequeño y no bien conformado, tan endeble que parecía que se lo iba a llevar el viento, la cabeza chata, el pelo lacio y ralo. Cuando estaban juntos él y su hermano Nicolás, a cualquiera que les viese se le ocurriría proponer al segundo que otorgase al primero los pelos que le sobraban. Nicolás se había llevado todo el cabello de la familia, y por esta usurpación pilosa, la cabeza de Maximiliano anunciaba que tendría calva antes de los treinta años. Su piel era lustrosa, fina, cutis de niño con transparencias de mujer desmedrada y clorótica. Tenía el hueso de la nariz hundido y chafado, como si fuera de sustancia blanda y hubiese recibido un golpe, resultando de esto no sólo fealdad sino obstrucciones de respiración nasal, que eran sin duda la causa de que tuviera siempre la boca abierta. Su dentadura había salido con tanta desigualdad que cada  pieza estaba, como si dijéramos, donde le daba la gana. Y menos mal si aquellos condenados huesos no le molestaran nunca; ¡pero si tenía el pobrecito cada dolor de muelas que le hacía poner el grito más allá del Cielo! Padecía también de corizas y las empalmaba, de modo que resultaba un coriza crónico, con la pituitaria echando fuego y destilando sin cesar. Como ya iba aprendiendo el oficio, se administraba el yoduro de potasio en todas las formas posibles, y andaba siempre con un canuto en la boca aspirando brea, demonios o no sé qué.


Dígase lo que se quiera, Rubín no tenía ilusión ninguna con la Farmacia. Mas no estaba vacía de aspiraciones altas el alma de aquel joven, tan desfavorecido por la Naturaleza que física y moralmente parecía hecho de sobras. A los dos o tres años de carrera, aquel molusco empezó a sentir vibraciones de hombre, y aquel ciego de nacimiento empezó a entrever las fases grandes y gloriosas del astro de la vida. Vivía doña Lupe en aquella parte del barrio de Salamanca que llamaban Pajaritos. Maximiliano veía desde la ventana de su tercer piso a los alumnos de Estado Mayor, cuando la Escuela estaba en el 40 antiguo de la calle de Serrano; y no hay idea de la admiración que le causaban aquellos jóvenes, ni del arrobamiento que le producía la franja azul en el pantalón, el ros, la levita con las hojas de roble bordadas en el  cuello, y la espada... ¡tan chicos algunos y ya con espada! Algunas noches, Maximiliano soñaba que tenía su tizona, bigote y uniforme, y hablaba dormido. Despierto deliraba también, figurándose haber crecido una cuarta, tener las piernas derechas y el cuerpo no tan caído para adelante, imaginándose que se le arreglaba la nariz, que le brotaba el pelo y que se le ponía un empaque marcial como el del más pintado. ¡Qué suerte tan negra! Si él no fuera tan desgarbado de cuerpo y le hubieran puesto a estudiar aquella carrera, ¡cuánto se habría aplicado! Seguramente, a fuerza de sobar los libros, le habría salido el talento, como se saca lumbre a la madera frotándola mucho.


Los sábados por la tarde, cuando los alumnos iban al ejercicio con su fusil al hombro, Maximiliano se iba tras ellos para verles maniobrar, y la fascinación de este espectáculo durábale hasta el lunes. En la clase misma, que por la placidez del local y la monotonía de la lección convidaba a la somnolencia, se ponía a jugar con la fantasía y a provocar y encender la ilusión. El resultado era un completo éxtasis, y al través de la explicación sobre las propiedades terapéuticas de las tinturas madres, veía a los alumnos militares en su estudio táctico de campo, como se puede ver un paisaje al través de una vidriera de colores.


Los chicos de la clase de Botánica se entretenían  en ponerse motes semejantes a las nomenclaturas de Linneo. A un tal Anacleto que se las tiraba de muy fino y muy señorito, le llamaban Anacletus obsequiosissimus; a Encinas, que era de muy corta estatura, le llamabanQuercus gigantea. Olmedo era muy abandonado y le caía admirablemente el Ulmus sylvestris. Narciso Puerta era feo, sucio y mal oliente. Pusiéronle Pseudo-Narcissus odoripherus. A otro que era muy pobre y gozaba de un empleíto, le pusieron Christophorus oficinalis y por último, a Maximiliano Rubín, que era feísimo, desmañado y de muy cortos alcances, se le llamó durante toda la carrera Rubinius vulgaris.


Al entrar el año de 1874, tenía Maximiliano veinticinco y no representaba aún más de veinte. Carecía de bigote, pero no de granos que le salían en diferentes puntos de la cara. A los veintitrés años tuvo una fiebre nerviosa que puso en peligro su vida; pero cuando salió de ella parecía un poco más fuerte; ya no era su respiración tan fatigosa ni sus corizas tan tenaces, y hasta los condenados raigones de sus muelas parecían más civilizados. No usaba ya el ioduro tan a pasto ni el canuto de brea, y sólo las jaquecas persistían, como esos amigos machacones cuya visita periódica causa espanto. Juan Pablo estaba entonces en el Cuartel Real, y doña Lupe dejaba a Maximiliano en libertad, porque le creía inaccesible a los vicios por razón de su pobreza física, de su natural apático y de la timidez que era el resultado de aquellas desventajas. Y además de libertad, dábale su tía algún dinero para sus placeres de mozo, segura de que no había de gastarlo sino con mucho pulso. Inclinábase el chico a economizar, y tenía una hucha de barro en la cual iba metiendo las monedas de plata y algún centén de oro que le daban sus hermanos cuando venían a Madrid. En la ropa era muy mirado, y gustaba de hacerse trajes baratos y de moda, que cuidaba como a las niñas de sus ojos. De esto le sobrevino alguna presunción, y gracias a ella su figura no parecía tan mala como era realmente. Tenía su buena capa de embozos colorados; por la noche se liaba en ella, metíase en el tranvía y se iba a dar una vuelta hasta las once, rara vez hasta las doce. Por aquel tiempo se mudó doña Lupe a Chamberí, buscando siempre casas baratas, y Maximiliano fue perdiendo poco a poco la ilusión de los alumnos de Estado Mayor.


Su timidez, lejos de disminuir con los años, parecía que aumentaba. Creía que todos se burlaban de él considerándole insignificante y para poco. Exageraba sin duda su inferioridad, y su desaliento le hacía huir del trato social. Cuando le era forzoso ir a alguna visita, la casa en que debía entrar imponíale miedo, aun vista por fuera, y estaba dando vueltas por la calle  antes de decidirse a penetrar en ella. Temía encontrar a alguien que le mirara con malicia, y pensaba lo que había de decir, aconteciendo las más de las veces que no decía nada. Ciertas personas le infundían un respeto que casi casi era pánico, y al verlas venir por la calle se pasaba a la otra acera. Estas personas no le habían hecho daño alguno; al contrario, eran amigos de su padre, o de doña Lupe o de Juan Pablo. Cuando iba al café con los amigos, estaba muy bien si no había más que dos o tres. En este caso hasta se le soltaba la lengua y se ponía a hablar sobre cualquier asunto. Pero como se reunieran seis u ocho personas, enmudecía, incapaz de tener una opinión sobre nada. Si se veía obligado a expresarse, o porque se queríanquedar con él o porque sin malicia le preguntaban algo, ya estaba mi hombre como la grana y tartamudeando.


Por esto le gustaba más, cuando el tiempo no era muy frío, vagar por las calles, embozadito en su pañosa, viendo escaparates y la gente que iba y venía, parándose en los corros en que cantaba un ciego, y mirando por las ventanas de los cafés. En estas excursiones podía muy bien emplear dos horas sin cansarse, y desde que se daba cuerda y cogía impulso, el cerebro se le iba calentando, calentando hasta llegar a una presión altísima en que el joven errante se figuraba estar persiguiendo aventuras y ser muy  otro de lo que era. La calle con su bullicio y la diversidad de cosas que en ella se ven, ofrecía gran incentivo a aquella imaginación, que al desarrollarse tarde, solía desplegar los bríos de que dan muestras algunos enfermos graves. Al principio no le llamaban la atención las mujeres que encontraba; pero al poco tiempo empezó a distinguir las guapas de las que no lo eran, y se iba en seguimiento de alguna, por puro éxtasis de aventura, hasta que encontraba otra mejor y la seguía también. Pronto supo distinguir declases, es decir, llegó a tener tan buen ojo, que conocía al instante las que eran honradas y las que no. Su amigo Ulmus sylvestris, que a veces le acompañaba, indújole a romper la reserva que su encogimiento le imponía, y Maximiliano conoció a algunas que había visto más de una vez y que le habían parecido muy guapetonas. Pero su alma permanecía serena en medio de sus tentativas viciosas: las mismas con quienes pasó ratos agradables le repugnaban después, y como las viera venir por la calle, les huía el bulto.


Agradábale más vagar solo que en compañía de Olmedo, porque este le distraía, y el goce de Maximiliano consistía en pensar e imaginar libremente y a sus anchas, figurándose realidades y volando sin tropiezo por los espacios de lo posible, aunque fuera improbable. Andar, andar y soñar al compás de las piernas, como si su alma repitiera una música cuyo ritmo marcaban los pasos, era lo que a él le deleitaba. Y como encontrara mujeres bonitas, solas, en parejas o en grupos, bien con toquilla a la cabeza o con manto, gozaba mucho en afirmarse a sí mismo que aquellas eran honradas, y en seguirlas hasta ver a dónde iban. «¡Una honrada! ¡Que me quiera una honrada!». Tal era su ilusión... Pero no había que pensar en tal cosa. Sólo de pensar que le dirigía la palabra a una honrada, le temblaban las carnes. ¡Si cuando iba a su casa y estaban en ella Rufinita Torquemada o la señora de Samaniego con su hija Olimpia, se metía en la cocina por no verse obligado a saludarlas...!

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- III -

De esta manera aquel misántropo llegó a vivir más con la visión interna que con la externa. El que antes era como una ostra había venido a ser algo como un poeta. Vivía dos existencias, la del pan y la de las quimeras. Esta la hacía a veces tan espléndida y tal alta, que cuando caía de ella a la del pan, estaba todo molido y maltrecho. Tenía Maximiliano momentos en que se llegaba a convencer de que era otro, esto siempre de noche y en la soledad vagabunda de sus paseos. Bien era oficial de ejército y tenía una cuarta más de alto, nariz  aguileña, mucha fuerza muscular y una cabeza... una cabeza que no le dolía nunca; o bien un paisano pudiente y muy galán, que hablaba por los codos sin turbarse nunca, capaz de echarle una flor a la mujer más arisca, y que estaba en sociedad de mujeres como el pez en el agua. Pues como dije, se iba calentando de tal modo los sesos, que se lo llegaba a creer. Y si aquello le durara, sería tan loco como cualquiera de los que están en Leganés. La suerte suya era que aquello se pasaba, como pasaría una jaqueca; pero la alucinación recobraba su imperio durante el sueño, y allí eran los disparates y el teje maneje de unas aventuras generalmente muy tiernas, muy por lo fino, con abnegaciones, sacrificios, heroísmos y otros fenómenos sublimes del alma. Al despertar, en ese momento en que los juicios de la realidad se confunden con las imágenes mentirosas del sueño y hay en el cerebro un crepúsculo, una discusión vaga entre lo que es verdad y lo que no lo es, el engaño persistía un rato, y Maximiliano hacía por retenerlo, volviendo a cerrar los ojos y atrayendo las imágenes que se dispersaban. «Verdaderamente -decía él-, ¿por qué ha de ser una cosa más real que la otra? ¿Por qué no ha de ser sueño lo del día y vida efectiva lo de la noche? Es cuestión de nombres y de que diéramos en llamar dormir a lo que llamamosdespertar, y acostarse al levantarse... ¿Qué razón hay para que no diga yo ahora mientras me visto: 'Maximiliano, ahora te estás echando a dormir. Vas a pasar mala noche, con pesadilla y todo, o sea con clase de Materia farmacéutica animal...?'».

  

     A continuación tienes un enlace de la serie de RTVE dedicado a su presentación: FORTUNATA Y JACINTA SERIE  Después de ver el episodio, contesta a las siguientes preguntas:


 -¿Cómo cambia su personalidad tras conocer a Fortunata? Compárale al inicio del episodio (que se corresponde con el texto que has leído) con el del final cuando se enfrenta a su tía.
Al principio era muy obediente, hacía siempre lo que le decía su tía, no regañaba con ella en ningún momento, y al final, se enfrenta a ella diciéndola que nadie va a cambiar su opinión, que él se va a casar con Fortunata aunque su familia no lo aceptase.

 -¿Qué importancia tiene el amor en este cambio (fíjate en lo que dice del amor en la conversación que tiene en la cocina con la criada)?
Dice que el amor es ley de leyes, que gobierna el mundo, que por qué no debe casarse si encuentra a la mujer de su vida. La importancia que tiene el amor es que cambia su personalidad porque se ha enamorado de Fortunata y quiere casarse con ella.
Es el amor el que permite que Maximiliano evolucione a lo largo de la novela.

-¿Le importa lo que la gente piense de su relación con Fortunata?
No, no le importa lo que la gente piense, pero tampoco quiere que se entere todo el mundo porque cuando está en el laboratorio, se lo cuenta a su compañero y le pide que no se lo cuenta a nadie, aunque este después lo va a hacer

                      4.3.3- Temas:

                  - Conflictos personales: para Galdós el amor verdadero es la unión de lo físico y de lo espiritual, de manera que si falla alguno de los dos aspectos, el amor fracasa. Teniendo en cuenta esto: 


-¿Por qué crees que fracasan las tres relaciones de la novela (Fortunata-Juan; Fortuna-Maxi; Jacinta-Juan)? 
Las tres fracasan básicamente porque es sólo un amor físico:
Fortunata-Juan: Juan al ser un seductor, un mujeriego, se va con unas y con otras, tiene relaciones y cuando se cansa, las deja. Por parte de Fortunata, ella no le ama, le ve un atractivo físico, pero no llega a estar enamorada de él.Falta lo espiritual
Fortunata-Maxi: Como Fortunata está falta de cariño, se va con el primer hombre que pilla. En este caso, conoce a Maximiliano que le asegura que si se casa con él va a ser honrada, se va a deshacer de la "gentuza" que la rodea... Acaba fracasando porque Fortunata nunca le quiso, y aunque no le fue infiel nunca, cede ante los impulsos de Juanito Santa Cruz.Falta la atracción sexual
Jacinta-Juan: Como he dicho anteriormente, Juan es un mujeriego y tan pronto estaba con ella, como que no. Por eso fracasa su relación. Aún así de irse con unas y con otras, una de las veces dejó embarazada a Fortunata, por segunda vez, y por culpa de Juan, haberse ido con otra, Fortunata murió. Esta vez, Jacinta tomó la decisión definitiva de que nunca más volvería con él. Falta lo espiritual y lo sexual ya que su relación es como de hermanos
Porque en ninguna las relaciones se dan plenamente, ni la atracción sexual ni lo espiritual.

-¿Por qué Fortunata no puede amar a Maximiliano aunque éste la trata muy bien? (A partir del minuto 38 del episodio televisivo puedes a encontrar una respuesta) 
Porque es feo, es poca cosa para ella, y aún así quiere a Juan, y aunque piense que es una ingratitud, sabe que nunca le podrá amar.

-¿Por qué Fortunata se considera la verdadera mujer de Santa Cruz aunque no estén casados? 
Porque ella sí le puede dar hijos, lo contrario que Jacinta ya que es estéril. Porque ella piensa que la ley natural es más que la ley social.

-¿Qué es el amor para Galdós? En el minuto 35 del episodio de televisión puedes encontrar la respuesta a esta última pregunta.
El amor es ley de leyes, es el que gobierna el mundo. Es una fuerza que lo puede todo.
                     

                 - Conflictos sociales:



-¿Qué periodo de la historia de España se desarrolla la historia?
Cuando cae la Primera República y empieza la Restauración, es decir entre 1873 y 1876.

 -¿Qué opina Galdós de la sociedad española de la época, a qué grupos sociales critica más?
Critica a la alta burguesía, ya que la sociedad está dominada política, económica y moralmente por ella, a la Iglesia, a la explotación del pueblo, a la capacidad productiva, la hipocresía y la doble moral de la burguesía.



-¿Cuál es el papel de la mujer en esa sociedad?
La mujer no tiene derecho a la educación, es inculta, analfabeta, independientemente de la clase social a la que pertenezca. Dependiendo con el hombre con el que se casen así será su estilo de vida. Si el hombre es trabajador y bondadoso, su vida será agradable. Estaba destinada mayormente para la maternidad. Dar hijos a los hombres.
-¿Qué simbolismo social tiene el hecho de que Fortunata le dé a Santa Cruz el hijo que no le puede dar Jacinta, qué crees que simboliza ese niño?
Que la naturaleza consigue superar a la sociedad, que el amor puede unir a distintas clases sociales.

-En la escena que tiene Maximiliano con la criada (minuto 34),  expresa su opinión sobre los señoritos que como Santa Cruz se aprovechan de las mujeres pobres, ¿qué opina de ellos?
Piensa que son "una raza de Caín" corrompidos y miserables y que ellos tienen la culpa de que las mujeres se prostituyan. También piensa que son frívolos.

  



 Luego en el minuto 40 habla de las causas que provocan que mujeres como Fortunata se prostituyan, ¿cuáles son?
Según él las causas que provocan que las mujeres se prostituyan son ley de la necesidad y de la pobreza y no por vicio.






-Efectivamente Maximiliano trata a Fortunata como nadie lo ha hecho y menos Santa Cruz (fíjate en que se preocupa por enseñarla a leer). Por otro lado, en  la conversación con la criada, (minuto 34) Maximiliano se esfuerza en tomarle la lección y le explica la necesidad de aprender a leer (cosa que en una mujer era muy moderno para la la época). Por tanto, a través del personaje de Maximiliano (típico representante de la escasa clase media de la España de la Restauración), Galdós nos habla de la importancia que debe tener este grupo social en la resolución de las injusticias sociales del país ¿Cuál crees que debe ser el papel de la clase media para ayudar a acabar con esas injusticias?
Servir de unión entre los ricos y los pobres. Los pobres deben aprender de los ricos para evolucionar y acabar con la pobreza.